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Cuando la almadraba te da la vida

La primera vez que Juan se subió a un barco almadrabero tenía 15 años. Se hartó de pasear libros de un lado para otro y se sinceró con su padre. “Llévame contigo a la almadraba”. La década de los 70, la que cambiaría el panorama en el país, también trajo vientos renovadores a la almadraba de Barbate. Aniceto Ramírez y otros socios importantes se hicieron cargo de ella, después de años de explotación de la familia Crespo, y Juan empezó su aventura con la mar, un amor que todavía hoy, 40 años después, mantiene con la misma pasión. Porque Juan Rodríguez, barbateño, amante de ese océano que trae tesoros tan maravillosos como el atún rojo salvaje de almadraba, no piensa en otra cosa que no sea disfrutar con su trabajo. A sus 55 años se cuida, va al gimnasio, no fuma, no bebe, y vive para esos días especiales en que junto a sus compañeros sale al mar para levantar las redes que capturarán a los grandes túnidos. 

Juan ha vivido años buenos y no tan buenos. A la almadraba de Barbate siguieron en el tiempo, a los pocos años, las de Zahara, Tarifa y Conil, cuya concesión tiene actualmente la sociedad OPP-51 que preside Diego Crespo. “Las almadrabas se dejaron de calar en el 71 -recuerda-, pero en el 73 volvimos a colocarlas. En el 74 se empezaron a situar pero hubo una subasta y al haber cambio de propietario se paró todo hasta el año siguiente. Desde entonces hemos visto de todo”. 

Actualmente la almadraba de Barbate da trabajo directo a unas 60 personas, buzos incluidos, aunque años atrás eran muchos más. “Yo llegué a trabajar con mi padre y con mi hermano mayor. Mi padre falleció hace cinco años pero hasta que se jubiló trabajó en la almadraba”. 

A los 14 años Juan ya pescaba la sardina en Canarias, pero lo de la almadraba lo lleva en la sangre, le apasiona ese arte de pesca trimilenario. “He sido marinero, cuarto capitán, tercero, segundo capitán y hasta copejeador, porque yo he estado 30 años tirándome al agua”. Los copejeadores son los que se lanzan al mar para entablar una preciosa danza con los atunes que acaba con estos subidos en una barcaza de la que caen ríos sanguinolentos. Ahora el proceso es más fácil porque a los atunes se les ata un lazo en la cola y son izados por una grúa, pero antes había que subirlos a pulso con los bicheros. “Me encantaba estar en el agua. De hecho, creo que, cuando uno sabe lo que hace, es menos peligroso, porque en la barcaza un atún puede darte un coletazo y hacerte daño. El animal lucha por coger aire, por su vida. Una vez uno me dio un coletazo que me tuvo más de semanas con una rodilla lastimada, pero gracias a Dios no he tenido grandes percances”. 

Juan recuerda que hasta los 90 no había tanta maquinaria en las almadrabas. “Era un trabajo superduro para el que había que estar muy preparado, porque igual había que subir un bicho de más de 300 kilos al barco. Yo siempre he tenido pujanza y maña, que a veces en este oficio es mejor que tener mucha fuerza”. Sin embargo hace cinco o seis años prohibieron esta práctica y ahora se utilizan las grúas. 

Juan Rodríguez corrobora lo que dicen todos los que trabajan en las almadrabas. “Hay mucho atún”, por eso confía que próximamente pueda aumentarse la cuota de pesca, que este año ha sido de 657 toneladas, a repartir entre las cuatro almadrabas, lo que ha provocado que tanto Pesquerías de Almadraba SA -la empresa que forman Ricardo Fuentes y Petaca Chico- como OPP hayan tenido que comprar cuotas en otras pesquerías. 

Y eso que reconoce que era necesario controlar la pesca del atún. “Se hicieron barbaridades en el Mediterráneo. Barcos que mataban más de 200.000 atunes en una campaña, lo que hacía que los precios se tiraran”. Para Juan, la labor de la ICAAT “ha sido lo mejor que han hecho, pero ahora nos deberían dejar subir la cuota porque hay mucho atún. Con 2.500 atunes que cogemos ahora no tenemos ni para comer, y las empresas no sé como pueden subsistir”. Juan también recuerda aquellos años malos en que se las veían y se las deseaban para coger 500 o 600 atunes. Fueron los años más complicados. 

Es duro ser almadrabero. No tienen un sueldo fijo, ya que depende del cargo y la antigüedad. Los más antiguos además tienen un porcentaje en las capturas, que puede llegar a ser de dos euros por pieza a partir de las 2.000 capturadas. Cada hora pueden ganar unos 16 euros, y es necesario realizar dos campañas para poder cobrar cuatro meses de paro. “En Barbate está la cosa muy mal para encontrar trabajo, y más a mi edad. Yo tengo un barquito porque me encanta el mar y también intento ganarme la vida así, pescando algo para subsistir”. Juan tiene dos hijos mayores que prefieren el sector del automóvil a las almadrabas. Él, mientras tanto, sigue al pie del cañón, haciendo lo que le gusta y manteniendo un arte de pesca que es una forma de vida, su vida.

fuente europasur

http://www.europasur.es/article/provincia/1794857/cuando/la/almadraba/te/da/la/vida.html

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