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'Afa', el viejo pescador que atrapó un mero gigante

Acostado boca arriba dormitando, ‘Afa’ sintió que un pez picó el anzuelo. Era la una de la madrugada del pasado martes, el mar estaba manso, sin olas, y la luna llena se reflejaba sobre el agua.

Aunque usualmente en sus faenas a Rafael Emilio Brugés González ‘Afa’ lo acompaña ‘Hebra’, un viejo pescador de la playa Los Cocos, en Santa Marta, esta vez estaba solo. ‘Hebra’ no había ido porque se emborrachó el domingo y amaneció enguayabado.

‘Afa’ se embarcó en la lancha el lunes a la 1:30 de la tarde en Los Cocos y llegó una hora después a Punta Aguja, entre Taganga y Bahía Concha, en el Parque Tayrona. En medio del mar, almorzó, se dio un baño con agua dulce que llevaba en un recipiente plástico para refrescarse y a las 4 puso la carnada (machuelo) en el anzuelo y tiró el nailon al agua para atrapar un pez.

Durante varias horas no hubo ningún movimiento en el agua y aburrido de esperar se acostó. Se había quitado la camisa porque hacía calor y quedó en bermudas y descalzo. Apenas sintió que se movió el carreto del nailon se levantó. Sabía que había caído un pez grande porque tenía mucha fuerza debajo del agua.

“Cuando jalé el nailon me di cuenta que era un monstruo”, dice.

El viejo y el mero

Este samario, de 62 años, desde hace 30 está dedicado a la pesca después de navegar por una década trayendo mercancía desde Aruba, Panamá y los Estados Unidos. Es un hombre menudo, con la piel tostada por las largas jornadas bajo el sol y manos grandes. Mide 1,80 metros y no pesa más de 70 kilos.

Estuvo dos horas luchando con el mero guasa, un gigante de 1,72 metros de longitud y 110 kilos de peso, de color marrón claro y cabeza ancha y aplanada. “Uno sabe que lo saca porque se cansa, son dos cosas, o gana él o gana uno, si se encuevan ellos ganan, si uno no le da tregua no se meten. Yo jalaba y él me jalaba a mí. Cuando está arriba, ya no hace fuerza, está ‘ahogao’, y uno puede lidiar con él suave”, cuenta.

Finalmente lo venció y pudo verlo en la superficie en toda su plenitud. No se había equivocado, en efecto, era el pez más grande que ha atrapado. Lo amarró con una cabuya por el gancho y lo llevó remolcado con la lancha hasta la orilla, que estaba a unos 150 metros.

Tardó 20 minutos en llegar a la playa. Allí estaban durmiendo dos colegas suyos y les gritó para que lo ayudaran a sacar el mero del agua. “Estaba ‘privao’, pero cuando se sintió en tierra empezó a patear (sic) y ellos con un garrote le daban duro en la cabeza y luego con un cuchillo le abrieron la barriga y le sacaron las tripas”, dice.

A las 4 de la mañana lo montaron en la lancha y una hora después llegó a Los Cocos con el ‘trofeo’ de su hazaña.

Los pescadores que estaban en la playa se sorprendieron por el gran tamaño del animal y comenzaron a preguntarle cómo lo había atrapado. Pronto llegaron curiosos a tomarle fotos y periodistas en busca de la noticia.

‘Afa’ llamó al dueño de la lancha para que lo ayudara a sacarlo y a cotizar cuánto podía valer. A las 7 de la mañana ya lo había vendido. En un restaurante de la zona se lo compraron por 654.000 pesos. Le dio la mitad de la plata al dueño de la embarcación y lo que le correspondió a él se lo gastó en un mercado.

Mero, especie en peligro de extinción

Esta no es la primera vez que el viejo hombre pesca un mero gigante. Hace cinco años, sacó uno que pesó 120 libras (54 kilos) y medía menos de un metro en Playa Blanca, en El Rodadero.

“Ese fue más fácil. Ese día lo cogí a las 9 de la noche, pero no duré mucho, menos de una hora, porque era más pequeño. Esa vez estaba con otro compañero”, dice.

En esa oportunidad lo vendió más caro, a 4.000 pesos por libra, porque, asegura, el pequeño vale más por la calidad de su carne. El problema es que el mero solo debe capturarse cuando ha alcanzado la edad adulta y se ha reproducido, pero como crece muy lentamente y solo alcanza la madurez sexual cuando tiene una talla de alrededor de un metro, pues los pescadores los sacan pequeños y jóvenes.

Hoy, el mero guasa, que es el más perseguido, aparece en el libro rojo de peces marinos del país en la categoría de peligro crítico, es decir, que enfrenta un riesgo extremadamente alto de extinción en estado silvestre, según una investigación del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), la Universidad Nacional y el Ministerio de Ambiente.

‘Afa’ conoce el grado de amenaza del mero, pero justifica su pesca porque hace parte de su sustento. “Como se hace si uno vive de eso, de la pesca, y si él se pega hay que sacarlo”, dice.

fuente eltiempo

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