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EL MAYOR PEZ DEPREDADOR DEL MEDITERRÁNEO IGNORA A LOS HUMANOS

El tallahams o anjova, el mayor pez depredador del Mediterráneo, ignora a los humanos, aunque frecuenta la superficie y los bancos de arena para dar rienda suelta a su voracidad, según los biólogos consultados por .

La búsqueda de comida es, precisamente, la hipótesis más plausible de la mordedura que sufrió en la mano un joven aragonés en Salou, que precisó 12 puntos de sutura, el pasado 6 de septiembre.

Al tallahams le gustan las aguas poco profundas y turbias, sinónimo de comida en abundancia y que en la costa catalana son muy comunes, en concreto entre la comarca barcelonesa del Maresme y el Delta del Ebro, en Tarragona, explica el biólogo de la Universidad de Barcelona Lluís Cardona.

Cardona es uno de los autores de un estudio sobre los depredadores en el Mediterráneo, publicado por la revista científica “Plos One” en 2012, que concluyó que el pez anjova ocupa el mayor nivel de la cadena alimentaria, por encima de las tintoreras.

“Eso no significa que ataque a las tintoreras, sino que es mucho más agresivo y menos selectivo: si cree que algo que se mueve es comida, va a por ello”, puntualiza el investigador.

El pez anjova es un “depredador nato y muy agresivo” resume el biólogo marino Manel Gazo, investigador del Instituto de Biodiversidad Animal IRBioUB y también director de la organización de conservación marina Submón.

Gazo describe a este animal como una especie que se mueve en superficie, aunque también lo hace a 200 metros de profundidad, es gregario, por lo que forma grandes bancos, y, sobre todo, es un ‘glotón’.

Cuando ocurrió el accidente de Salou, el joven iba tumbado boca abajo en una colchoneta, a poca distancia de la orilla y con las manos en el agua, que, a ojos del tallahams, seguramente eran apetitosos peces porque “los mamíferos no forman parte de su dieta”, señala Gazo.

Las marcas de la herida tienen trazas de corresponder a la potente mandíbula de este pez, que cuenta también con dientes en el paladar y que aplica “la estrategia de morder y romper; es normal que corte a sus presas por la mitad, pero si encuentra resistencia, la suelta”, detalla Cardona.

La mordedura de la playa de Salou es un “accidente aislado”, coinciden los biólogos, y no hay medidas de prevención porque “es simple mala suerte encontrarse en el camino del pez y que por los factores que sea, te confunda con comida”, explica gráficamente Cardona.

Abundantes, voraces, agresivos y comunes cerca de las playas, los pocos casos registrados de mordedura a bañistas evidencian que los tallahams ignoran a los humanos y que éstos solo perciben su presencia en los raros casos de ataque.

Pese a ser una especie muy frecuente, es poco conocida porque no está protegida, ni genera pesquerías importantes, se conocen sus dinámicas, sobre todo, gracias a capturas accidentales, porque no se ha estudiado en detalle.

De carne poco apreciada, solo entusiasma a los pescadores deportivos porque “ver uno enacción es un espectáculo, literalmente lo ves volar tras su presa, no desiste jamás”, explica Jaime García, practicante de este deporte.

Un tallahams en plena captura es pura energía: persigue implacable a su presa y si en realidad ésta es un cebo, hará honor a su nombre de “corta anzuelos” y se debatirá para zafarse y volver a ser un depredador libre de buscar y devorar otras presas.

Quizás en un futuro sea un competidor serio del sector pesquero y se revalorice, porque su población crece y se expande por aguas que han aumentado su temperatura como resultado del calentamiento global.

Así lo constata un estudio de la Universitat de Girona y el Instituto de las Ciencias del Mar-CSICsobre el impacto del cambio climático de las especies marinas del Cabo de Creus (Girona), que en su informe final del 2010 señala una notable expansión del tallahams de norte a sur.

Del 2000 al 2010, según el estudio, se registraron alrededor de 120 toneladas de capturas de tallahams y la población crecía sobre todo en los puertos de Sant Carles de la Ràpita y L’Ametlla de Mar (Tarragona) y Vilanova i la Geltrú (Barcelona).

En esta expansión, un pescador señala un dato curioso: los tallahams aprovechan la mezcla de agua dulce y salada del río Ebro, abundante en lisas, para perseguirlas sin descanso incluso varios kilómetros río arriba para darse un festín. 

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