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Los héroes de Cueva Bonita

Cueva Bonita, en Tijarafe, en la Isla de La Palma, hace honor a su nombre. Pero tan bella como traicionera puede volverse al acceder a su interior y no poder salir si el mar cambia. Eso fue lo que les sucedió el pasado sábado a un vecinos de Los Llanos de Aridane y a su amigo peninsular que quisieron contemplar desde su interior una puesta de sol. Si ambos están hoy vivos es gracias a la profesionalidad y buen hacer de tres de los buceadores del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS), de la Comandancia de Santa Cruz de Tenerife, que salieron a su rescate y optaron por pasar la noche dentro de la gruta junto con las dos víctimas. A ellos se unió un bombero voluntario, Carlos Ayudarte Pérez, que les hizo llegar un cabo guía.

Los protagonistas de esta historia fueron los guardias civiles Eduardo de la Guardia Santana (23 años en el GEAS) y que intervino hace 17 años en un rescate en el perdieron la vida dos turistas alemanes. El guardia Ricardo Campelo Castro, (ocho años en la unidad) y Francisco Caballero González, (siete como integrante de los buceadores de la Guardia Civil). Al frente del equipo se encuentra el cabo 1º José Monpean Soler.

“Cuando Salvamento Marítimo nos trasladó hasta Cueva Bonita era noche cerrada y no sabíamos si las personas que estaban dentro seguían vivas, ni cuántos eran, así que nos lanzamos al agua y nadamos hacia el interior”, narró Eduardo de la Guardia.

La gruta tiene 10 metros de altura y el embate del mar cubría completamente la entrada. Aun así, los tres guardias continuaron nadando hacia el interior. “Una vez dentro, como llevábamos linternas adosadas a los casco, vimos a dos personas en una pequeña cala”, explicó Ricardo Campelo, que rompió su casco al colisionar contra el techo de la cueva. “Apenas podían moverse. Uno de ellos tenía un fuerte golpe en una pierna y además ambos presentaban un cuadro de hipotermia”, detalló.

Los tres guardias civiles permanecieron junto a las dos víctimas, de 55 y 60 años, uno natural de Huelva y el otro de La Palma. Diez horas en penumbra y escuchando el mar. “Ese sonido es estremecedor; lo llevo dentro desde la vez anterior, cuando participé en el rescate de las víctimas de nacionalidad alemana en 1997”, sentenció Eduardo de la Guardia, quien se emocionó al relatar el rescate del sábado.

Francisco Caballero contó que “lo primero que hicimos fue trasladar a los dos accidentados a una parte de la cueva que está un poco más protegida y ahí los arropamos como pudimos. Les preparamos una especie de camastro con unos salvavidas que encontramos. Lo único que podíamos ofrecerles era esperanza, la esperanza de que todos íbamos a salir”.

Los guardias civiles mantuvieron contacto vía radio toda la noche con dos embarcaciones de Salvamento Marítimo, la Salvamar Alphard y la LS Titán, que fue posteriormente relevada por la Salvamar Canopus. Estos barcos se vieron apoyados por el helicóptero de Sasemar. La noche en el interior de la gruta transcurrió como mejor se pudo, con el agua en ocasiones cubriendo las rodillas. Pero los guardias tenían claro que de aquel agujero saldrían todos.

Sin embargo, los problemas se fueron acumulando. A media noche, el cabo que les unía con el barco de Salvamento Marítimo se les rompió y por ello, en cuanto amaneció, el bombero voluntario Carlos Ayudarte se lanzó con otro cabo. Una hora aproximadamente le costó llegar hasta los guardias civiles y lo hizo casi exhausto. Los agentes prepararon una balsa de circunstancias y ataron a la misma a la persona que estaba en peores condiciones. En los bordes exteriores, los agentes del Instituto Armado y el bombero hicieron de parapeto. A la voz de Eduardo de la Guardia se lanzaron al agua y nadaron sin parar, mientras desde el barco les ayudaban con el cabo guía. “Esta operación apenas pudo durar un minuto, pero a mí me pareció una eternidad. Fue de esas veces que dices ´esta vez si que no la cuento´”, relató. Afortunadamente, a las 10:30 horas llegaban al puerto de Tazacorte. La misión se había cumplido.

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