Home / BIOLOGIA / Buscando a Arzak desesperadamente

Notice: Trying to get property of non-object in /home/comopece/public_html/wp-content/themes/sahifa/framework/parts/post-head.php on line 69

Buscando a Arzak desesperadamente

Recuerdo que hace unos años nuestros cocineros viajaron a Japón. Y siempre es difícil saber por qué reserva el país esa forma de posesivo para los cocineros y no para el resto de las profesiones. Nuestros subinspectores de tributos. Nuestros oficiales torneros fresadores de primera. Aunque tampoco son “nuestros cocineros” todos los cocineros. Sería demasiado bonito. En realidad, los nuestros son solo aquellos que tienen estilos vanguardistas, éxito internacional y estrellas Michelín. También programas de televisión. El posesivo se lo aplicamos a la élite. Los cocineros que empanan filetes para el menú del día no deben de ser nuestros.

Pero no nos distraigamos: nuestros cocineros fueron a Japón para intercambiar conocimientos con colegas de allá. Los de allá también eran cocineros fantásticos y muy famosos, así que quizá lo justo sería llamarlos ‘nuestros’. Nuestros cocineros japoneses. Voy a probar. Lo que hicieron nuestros cocineros fue trabajar codo con codo con nuestros otros cocineros. No funciona, seguiré llamándolos japoneses. Durante aquellas jornadas, el conocimiento gastronómico entró en ebullición. Se compartieron recetas y se aprendieron técnicas, se descubrieron productos y se discutieron tiempos de cocción. Nuestros cocineros probaron el semen de ballena. Se lo juro. Es por lo visto una ‘delicatessen’ oriental.

Recuerdo también que nuestros cocineros dijeron en Japón que estaban viviendo una magnífica experiencia. Se había abierto ante ellos un mundo de sabores y daban por hecho que se advertiría la influencia nipona en sus próximas creaciones. Ahí fue cuando me asusté. Nuestros cocineros son un colectivo influenciable. También uno que ha elevado la creatividad a una especie de autosatisfecha inestabilidad explosiva. Una vez vi un documental en el que uno de nuestros cocineros más grandes (¡y mas nuestros!) explicaba cómo funcionaba lo de la inspiración. Contaba el maestro que un día se paró frente un semáforo. Bastó con eso para que se le ocurriese un plato. Era un plato que, genialmente, tenía tres colores. Rojo, amarillo y verde.

Se entenderá el miedo que me dio la experiencia japonesa de nuestros cocineros. Temí que nos llegase a cambiar la vida. La sociedad vasca vive bajo un régimen gastrocrático, todo el mundo lo sabe. Y nuestros cocineros aterrizaron en Loiu con las maletas llenas de soja, miso y furikake. Estarán conmigo en que la introducción en nuestras rutinas del semen de ballena parecía inevitable. Eso me alarmó. En parte por la zoofília y los extraños embarazos. Y en parte por lo contraproducente. Yo soy un hombre de mundo y, como es lógico, evito tener el más mínimo interés por las cosas del mundo. Las salsas, los paisajes, las personas: esos detalles sin importancia.

Pero de algún modo extraño la japonería alimentaria no terminó de prender en nuestros menús. Nuestros cocineros siguen con el vanguardismo, pero sobre la base reconocible de la merluza. Me parece a mí que aquella vez en Japón se dijeron cosas que después no se han cumplido. Suele pasar. Uno sale fuera por trabajo, conoce gente, bebe sake, se deja llevar… Desde entonces, nos habíamos olvidado de Japón. Hasta ahora, que se nos ha llenado el mar de peces globo: esos animales llenos de púas y toxicidad que están directamente emparentados con el famoso pez fugu japonés y son en principio ajenos a las costas del Cantábrico.

Los peces globo no dejan de llegar y los expertos hablan del viento y las corrientes. Resumiendo: no saben qué hacen esos peces por aquí. Por echar una mano a los expertos, voy a aventurar una hipótesis: los peces globo han venido en busca de los cocineros vascos. Se debieron de conocer en Japón y miren ahora esos ojos bobalicones y esa papada exaltada. Pobres animales. Si yo creo que hasta están enamorados. Como puede ser que se trate del primer caso en la historia natural en el que una especie se desplaza en busca de sus depredadores, nuestros cocineros deberían reaccionar con elegancia. Y comenzar a cocinar peces globo. Es lo que hacen los japoneses. Cierto que a veces palma alguna gente por eso, pero seguro que menos que con lo del ‘puenting’.

En cualquier caso, el momento es histórico. La cocina de vanguardia vasca puede añadir a su patrimonio el pez tóxico de anzuelo. Solo un ciego no reconocería la ocasión de incorporar a esos menús pródigos en sensaciones una nueva sensación impresionante: la cercanía hormigueante de la muerte, con piperrada de algas y efluvio evanescente de pil-pil.

fuente elcorreo

Check Also

Pedimos en ICCAT que se prohíba la pesca de marrajo, ante el riesgo de que su población colapse

Tras la apertura el pasado martes de la reunión de ICCAT, donde estamos trabajando desde …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *