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La invasión que viene del trópico

El aumento de la temperatura del agua registrado en las últimas décadas está desplazando a numerosas formas de vida, entre ellas peces, hacía lugares que antaño solían ser más fríos. La tropicalización de las áreas marinas templadas es un nuevo fenómeno de alcance mundial que, aunque solo ha comenzado a enseñar tímidamente la patita, amenaza con cambiar el aspecto del paisaje submarino de muchas zonas del planeta. Bajo el agua, el trópico no es tan utópico.

Como consecuencia del calentamiento global las corrientes marinas han creado puntos cálidos que están favoreciendo la migración de especies tropicales hacia áreas templadas, alterando la biodiversidad y rompiendo el equilibrio ecológico de los lugares en los que se asientan. Y, aunque no es el único, en este proceso de invasiones biológicas el Mediterráneo tiene el dudoso honor de ser un mar pionero.

Con la construcción del Canal de Suez, en 1869, desapareció una barrera geográfica entre dos cuencas, y numerosas especies procedentes del Mar Rojo comenzaron a adentrarse en el Mediterráneo (migraciones lessepsianas). Las consecuencias ambientales de algunas de estas invasiones, como las de peces tropicales, ya se están dejando ver, sobre todo en las áreas más próximas al canal, y las consecuencias son fondos marinos pelados donde antes había densos bosques de algas.

Dos especies de peces del género ‘Siganus‘ –Siganus luridus ySiganus rivulatus-, conocidos como peces conejo, están arrasando la vegetación y destruyendo el hábitat de numerosas especies, sobre todo en el Mediterráneo oriental, pero si su distribución sigue extendiéndose los efectos pueden acabar afectando a todo el Mare Nostrum.

Invasión de peces conejo en Turquía. ZAFER KIZILKAYA

Estas son algunas de las amenazas sobre las que alertan dos trabajos de investigación, realizados por un equipo científico internacional en el que participa el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados(CSIC-UIB) y el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CSIC), y que subrayan la importancia de entender cómo las interacciones entre distintas especies cambian y evolucionan en el contexto del calentamiento global.

“Se trata de dos estudios, uno llevado a cabo en 2010 y 2011 en el Mediterráneo y el otro a escala mundial entre 2012 y 2013”, explica la doctora Fiona Tomas, investigadora del IMEDEA (CSIC-UIB). “En la actualidad, la llegada de peces tropicales a aguas templadas está ocurriendo en Australia, tanto en la costa este como la oeste, en el Golfo de Méjico, en Brasil, Sudáfrica y Japón. En la mayoría de estos lugares, como las invasiones son recientes, los impactos en las poblaciones todavía no son visibles, pero en otros, como el sur de Japón y el Mediterráneo oriental, en los que llevan más tiempo, los efectos ya son palpables y podrían servir de ejemplo para predecir lo que puede suceder a nivel global”.

Este fenómeno, conocido como ‘isoyake‘ en Japón, está transformando totalmente el hábitat de algunas zonas del sur de este país, que ha visto como en los últimos 20 años los bosques de algas desaparecían y en su lugar quedaba un páramo baldío desforestado.Los peces conejo y los peces loro, que comenzaron a llegar en la década de los 90 procedentes de aguas cálidas, parecen ser los principales responsables del desastre y los pescadores están intentando por todos los medios frenar este avance, que está poniendo en peligro muchas de sus pesquerías. Los investigadores de este estudio han detectado que más del 40% de las algas y las camas de algas en el sur de Japón han desaparecido desde 1990.

Pero el panorama en el Mediterráneo oriental no es más alentador. Procedentes del Mar Rojo, los peces conejo herbívoros, que en aguas tropicales limpian el coral de plantas que podrían asfixiarlos, cuando se trasladan a aguas más templadas con gran abundancia de bosques de algas y fanerógamas suponen una amenaza porque devoran la vegetación, impidiendo que se recupere. El problema es que estos ecosistemas son vitales para el desarrollo de la mayoría de organismos marinos porque son los espacios en que se reproducen, viven y alimentan. “Su pérdida es preocupante puesto que se trata de comunidades críticas para numerosas especies y al igual que los bosques terrestres, albergan una gran diversidad”, destaca Tomas.

Mediterráneo oriental

Los investigadores han identificado dos zonas claramente diferenciadas: una zona cálida donde los peces conejo son abundantes y otra región más fría donde no están o se encuentran en muy poca abundancia.

Las zonas dominadas por los invasores tropicales se caracterizan por un paisaje de blanquizales, donde ha habido una pérdida muy importante de abundancia y número de especies, llegando a una reducción 60% en el caso de algas e invertebrados y al 40 si se tiene en cuenta el número general de presencia de especies. Su hipótesis es que la desaparición del hábitat de los juveniles de estas especies influye en la merma de las poblaciones.

“De momento en el Mediterráneo afecta a la parte oriental”, informa Tomas, “hay poblaciones establecidas en Israel, Líbano, Turquía, Chipre, ciertas partes de Grecia y del norte de África; algunas han llegado hasta Sicilia, pero en la parte occidental creemos que no hay poblaciones establecidas”.

Tropicalización

Mapa del mundo con una muestra esquemática de la circulación a gran escala, con los cambios en la distribución de peces herbívoros tropicales y los impactos ecológicos de las especies invasoras en amplias regiones donde se han registrado signos emergentes de la tropicalización de las comunidades marinas templadas.

“Al tratarse de especies tropicales, un factor importante es la temperatura”, añade, “y como debido a la circulación de las aguas, la parte occidental es más fría, de momento, no se han instalado, pero si aumentara la temperatura es muy probable que ampliaran su rango de distribución hacia el oeste y sucediera algo parecido a lo ocurrido en la parte oriental”.

La invasión de los peces conejo, devoradores de algas, ha tenido un fuerte impacto en las poblaciones de estos organismos y en toda la red trófica de estas comunidades. “Los peces nativos del Mediterráneo solo consumen algas adultas y dan tiempo a que la especie se mantenga”, explica la investigadora, “pero en el caso de estas dos especies invasoras el gran problema es que se complementan. Una se come las algas adultas y la otra las juveniles, impidiendo que la vegetación se recupere”.

“Hasta el momento no tenemos evidencias de que vayan a la Posidonia”, continúa, “pero en Turquía ya hay publicados un par de artículos en los que algunos investigadores cuentan que han visto juveniles de los peces conejo comerla en algunas zona”.

Pérdida de biodiversidad

“El resultado es un desierto, parece un paisaje lunar“, comenta, “nuestro equipo muestreó más de 1.000 kilómetros de costa de Turquía y Grecia, donde estos peces tropicales se han convertido en la especie dominante y la pérdida de biomasa es espectacular”.

Los científicos realizaron y filmaron una serie de experimentos en los que registraban las tasas de alimentación de los peces invasores y los de otras especies, y para su sorpresa comprobaron que los comportamientos alimentarios complementarios entre las dos especies tropicales -consumiendo tanto los estadios adultos como los juveniles de las algas- eran la raíz del problema. Es como si los dos invasores se hubieran puesto de acuerdo y colaboraran para esquilmar el fondo marino y acabar con los bosques de algas.

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