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'Betty', el parásito con apariencia extraterrestre que devora las lenguas de los peces onubenses

Diferente fue mi reacción cuando el pasado sábado conseguí pescar en el Espigón de Huelva un Diplodus Sargus Sargus de importantes dimensiones (popularmente conocido como ‘Sargo’), pues no se trató de la felicidad resultante tras horas y horas de espera mirando una caña esperando una ‘picada’ que finalmente te brinda con un gran pez;, no, no fue en este caso felicidad la palabra con la que podría definirse ese momento. Por el contrario sí podrían usarse las palabras temor, incredulidad e incluso repugnancia cuando conseguí ver que de la boca de ese gran pez salía un horripilante parásito que bien podría haberse sacado de las entrañas del programa ‘Cuarto milenio’.

El punto de inflexión que me llevó a escribir sobre lo ocurrido no fue otro que descubrir que de los cuatro peces que había conseguido pescar hasta el momento, tres de ellos tenían el mismo ‘alien’ en la boca pero de diferentes tamaños.

 

Trabajos científicos anteriores hablan sobre ‘Betty’ como un parásito bastante adaptado y que tiene bastante éxito. Se trata de un parásito hermafrodita que se introduce en el interior del pez por las branquias de éste y que se desplaza hasta la boca del hospedador. Una vez allí se come la lengua y ocupa su posición, alimentándose de su sangre a medida que crece hasta la edad adulta.

 

Colt William Cook, de la Universidad de Texas, afirma que los parásitos nacen como machos y luego cuando entran en un pez se vuelven hembras. Este cambio solo se produce si no hay ninguna hembra que ya está instalada en la boca. Una vez que se une un compañero de sexo masculino con otro femenino, ella da a luz un determinado número de parásitos masculinos que en sus primeros días buscan locamente otro hogar.

 

Cabe destacar que el parasito no supone ningún riesgo para los seres humanos, pero sí provoca trastornos mecánicos e irritativos en el pez, y además puede producirle anemia, inmunosupresión y en determinados casos la muerte.

 

Si es cierto que el ‘Cerathotoa italica’ no causa a priori ningún riesgo al ser humano de forma directa, pero es evidente que nos afecta de forma indirecta en la economía de nuestra Huelva, ya que se trata de un parásito que puede causar la muerte de los peces onubenses tanto en mar abierto como en piscifactorías, y por no hablar que afecta al arte de la pesca, pues no creo que a muchos de nosotros nos guste pescar un pez con un ‘alien’ en la boca.

 

Pienso y estoy seguro de que no soy el primero que se topa con este parásito y por ello me veo en la obligación como onubense de escribir sobre ello y esperar que esta noticia llegue a oídos de quienes pueden remediar o al menos de quienes puedan estudiar este fenómeno para poder encontrar el mejor remedio posible para Huelva.

fuente huelva24

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