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El buceo libre, un deporte extremo que acaba con sus héroes

El buceo libre y su sucesión de obituarios: en el fondo del mar (casi) siempre espera el mismo desenlace. Antes que la rusa Natalia Molchanova, “la más grande de todos los tiempos” según la Federación Internacional (AIDA), otros mitos del deporte fallecieron bajo las aguas. El blackout, la muerte cerebral repentina provocada por las altas presiones, sorprendió a muchos entrenando y hasta compitiendo. La especialidad de apnea sin límites, en la que se desciende con propulsión y se utiliza un globo para regresar a la superficie, se considera, de hecho, una de las prácticas extremas más letales junto al salto base.

Nicholas Mevoli

Dos años atrás, en el invierno europeo, el estadounidense Nicholas Mevoli, de 32 años, acudía a las Bahamas para intentar un nuevo récord de inmersión a pulmón y allí acababa encontrando la muerte. Pese a que ambicionaba alcanzar los 72 metros, a los 68, apurado, tuvo que darse la vuelta y los casi cuatro minutos que pasó sin respirar acabaron siendo fatales. Aunque salió a flote consciente, pronto se desvaneció y de nada sirvieron los 90 minutos que se le estuvo intentando resucitar. Nieto e hijo de buceadores, había sido tercero en peso constante sin aletas en el Mundial de aquel año y poseía los récords de su país en varias categorías.

Loïc Leferme

Loïc Leferme ostentó de 2002 a 2005 el récord más espectacular, el descenso más profundo, pero esa experiencia no le ayudó en su desdicha. Francés de 37 años, aunque había conseguido bajar hasta los 171 metros, en 2007 murió durante un tranquilo entrenamiento en la bahía de Villefranche-sur-mer. Según varias fuentes, el globo que portaba para el ascenso no funcionó e, intentando por sí mismo el regreso, sufrió una parada cardiorrespiratoria. Días antes, de hecho, el austríaco Herbert Nitsch había marcado en su modalidad, la más peligrosa de todas, una nueva y espectacular plusmarca: 214 metros de profundidad.

Audrey Mestre

En 2002, Audrey Mestre, también gala, de 28 años, logró descender más que ninguna otra mujer en la Historia, 166 metros de calado, frente la playa Bayahibe de la República Dominicana. Su hazaña recogió artículos por todo el mundo, se habló de nuevos proyectos junto a su marido, Francisco Ferreras, también buceador, pero le ganó la ambición. Sólo ocho días después intentó alargar su plusmarca mundial hasta los 171 metros y un problema en el fondo con el globo le provocó la muerte. Su inmersión de tres minutos se alargó hasta los ocho y medio y cuando Ferreras pudo llegar hasta ella para reflotarla ya era demasiado tarde.

Jay Moriarity

Famoso surfista, el estadounidense Jay Moriarity no era un profesional del buceo libre, pero su accidente en 2001 estremeció igualmente al deporte. El 15 de junio de 2001, día de su 23º aniversario, estando en Maldivas para realizar un anuncio de O’Neill’, se fue por la mañana a hacer una inmersión y no regresó. Después de varios días en los que múltiples barcos recreativos de la zona participaron en su búsqueda, se halló su cuerpo sin vida. Su biografía, con espectacular imágenes suyas enfrentándose a las olas más peligrosas de California, quedó recogida en la películaPersiguiendo Mavericks.

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