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La flota dará ahora batalla en Bruselas para poder procesar el tiburón a bordo

Lo dijo hace unas semanas en A Coruña el director general de Política y Coordinación de la Dirección General de Pesca y Asuntos Marítimos (DG Mare), Ernesto Penas: que la política de aletas adheridas -esto es, la obligación de descargar los escualos con la extremidad naturalmente pegada al cuerpo- iba a acabar extendiéndose a las flotas de todas las nacionalidades en todos los océanos. Puede que ese augurio acabe materializándose, pues, de hecho, en la última cumbre de la Iccat (Comisión para la Conservación del Atún Atlántico), la proposición de la UE ganó apoyos.

Pero no los suficientes para salir adelante. Y el ritmo al que se están ganando adeptos a la causa no es suficiente para alcanzar el compás que llevan los palangreros de superficie a la hora de ponerse a la cola del desguace, una treintena en los últimos años. Es decir, que para cuando todas las partes contratantes consigan convencer a Japón, China y Corea del Sur de lo importante que es prohibir cercenar la aleta del tiburón a bordo para poder garantizar que no se hacefinning (quedarse con la extremidad y tirar el cuerpo al agua) el centenar largo de palangreros de superficie de capital gallego estarán ya despiezados.

Tras el nuevo intento fallido, la flota dirigirá ahora su artillería hacia Bruselas. El secretario general de la patronal Cepesca, Javier Garat, ya lo había advertido en la reunión de coordinación que el sector tuvo con Agricultura en la antesala de la cumbre. Que si no se conseguía garantizar ese level playing field (mismas condiciones de juego) para todas las banderas habría que abordar otra estrategia. Y no hay mejor momento que dirigir esas acciones a Bruselas y justo en este momento, «dado que el año que viene la Comisión debe presentar su informe de evaluación sobre la aplicación de la política de aletas adheridas», explica Garat. Es el momento de «considerar la revisión de la norma» e introducir alguna flexibilidad, buscar una fórmula que permita controlar que no se hace finning, pero que se permita cortar la aleta a bordo. Porque «el incremento de los costes de explotación» al no poder procesar el tiburón en el buque es tal «que los armadores se han apuntado en masa al desguace», explica Garat.

Sin medidas para la quenlla

No es la única decepción con la que ha regresado la flota de Malta, donde se celebró la cumbre de la Iccat. «Resulta frustrante la pasividad que han demostrado algunas partes contratantes de la Iccat, en particular los países asiáticos y algunos Estados costeros en desarrollo, que se han opuesto sistemáticamente a muchas de las propuestas de la UE que pretendían gestionar mejor las diferentes especies altamente migratorias e incrementar el control de las flotas de sus respectivos países», comentó Garat. Entre ellas estaba la intención, impulsada por el propio sector, de abordar un plan de gestión para regular la pesca de tintorera (quenlla) y marrajo dientuso en el Atlántico. Al menos han podido esquivar el intento de imponer un total admisible de capturas (TAC) con cuotas por países.

Ni boicot al atún rojo de Turquía ni freno a nuevos barcos atuneros

La flota no ha tenido alegrías ni siquiera con el atún rojo, una especie cuya mejoría está constatada y para la que se pedía, por un lado, adelantar al año que viene la cuota prevista para el 2017 y, por otro, un boicot para el producto de Turquía por autoasignarse un cupo de atún rojo. Ni una cosa ni la otra.

Para el atún patudo (Thunnus obesus o bigeye) sí se han tomado medidas de protección, como pedía la patronal española, pero no precisamente las que auspiciaba el sector de España, de congelar la capacidad de la flota. Se ha optado por reducir el TAC de 85.000 a 65.000 toneladas (70.000 pedía España), se ha expandido el área del golfo de Guinea en la que rige una veda de dos meses a la pesca del patudo empleando FAD (dispositivos de agregación de peces), y se ha reducido a 500 (desde 550) el número máximo de objetos que puede emplear la flota atunera cerquera congeladora. Así las cosas, España dispondrá de 9.000 toneladas de patudo, de las 17.000 que atesora la UE.

También se han quedado en el tintero propuestas como extender a los palangreros asiáticos que capturan patudo la obligación de llevar observadores a bordo y la prohibición de realizar transbordos en alta mar, algo que la flota comunitaria, tanto cerquera como palangrera, ya observa desde hace años.

En cuanto al bonito del norte, se han establecido reglas de control de capturas para el año que viene y el siguiente que, según Agricultura, serán de gran utilidad para lograr la certificación de sostenibilidad que persigue la flota española.

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