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Con mar revuelto no gana el pescador

ando nació Asoar-Armega muchos fueron los que pronosticaron la pérdida de poder de las cofradías que hasta ese momento habían sido las representantes únicas de los profesionales de la pesca. Luego nació Avoga, que reúne a los volanteros y más tarde, Acerga, del cerco, tras la que brotó la Asociación Cerqueiros Galegos. Para añadir todavía más complicación hay incluso casi guerras personales, como la que mantiene el patrón mayor de Corcubión, José Domínguez Buiturón, contra el arrastre. Durante todo el año pasado mantuvo movilizaciones con bastante apoyo y en los últimos meses incluso ha llevado su batalla, que ahora es ya la de otros muchos, contra un sector que parece tener el apoyo de la Administración.

En este espacio de mares revueltos cabe preguntarse cuál es el papel de las cofradías. ¿Dónde está su capacidad de liderazgo? ¿Han dejado de ser los interlocutores entre los pescadores y la Administración? Sí, pero lo peor es que mientras los pescadores se pelean entre ellos, la Administración no se considera presionada y calcula que la partida quedará en tablas. Es el mismo procedimiento que ocurre con las cofradías. Las que tienen más tarrafas de Acerga reclaman a la federación gallega, que intenta contener el embate. La batalla se libra incluso casa por casa. Ya se han producido denuncias por daños en propiedades. Ha ocurrido en Malpica y en A Coruña y el día menos pensado alguno llegará a las manos. Ya hay violencia verbal en las redes sociales.

Está claro que en contra de lo que sucede en la realidad, el mar revuelto nunca es ganancia para el pescador. Un enemigo común une, pero la cuestión es que ahora cada uno tiene su guerra y las cofradías no han sido capaces de capitanearlas.

Mucho se ha perdido. Quizá quieran mirar los pescadores a los ganaderos, que atravesaron prácticamente solos y sin ayudas el viacrucis que supuso para el sector la crisis de las vacas locas, mientras que los marineros eran mimados por la Administración cuando no pudieron ir a trabajar por la marea negra del Prestige. El sector lácteo todavía arrastra la falta de unidad ante la industria, la distribución e incluso los poderes públicos.

Mientras cofradías como la de Malpica retan a la Federación y anuncian que se pondrán en contra, el sector pierde peso. Es verdad que los pescadores nunca han sido inocentes, pero ahora parecen pecar de inocentones. Cuanto más se enredan en la maraña de mentiras sobre qué o cuánto pescan, más pillados los tiene la Administración y más enfadados están los unos con los otros, porque lo que unos declaran en falso es lo que otros reclaman para vivir. Quizá haya que sentarse y hablar. Tranquilamente.

fuente lavozdegalicia

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