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Comunidades urus en crisis por la desaparición del lago Poopó

Unas 900 familias de tres comunidades urus (Llapallapani, Vila Ñeque y Puñaka Tinta María) sufren por el proceso de desecación del lago Poopó, donde se dedicaban a la pesca. La mitad de esta población, según sus autoridades originarias, ha comenzado en los últimos años un proceso de migración a municipios vecinos o a las ciudades de La Paz y Oruro, en busca de mejores oportunidades de vida.

Los que quedan en las poblaciones originarias reclaman tierras y proyectos de desarrollo. Cuentan que el lago se fue secando drásticamente desde 2010, eliminando las especies de peces y aves que vivían en ese ecosistema.

Un experto dice que el desvío de las aguas de los ríos causó la sequedad, aunque tampoco se descartan los efectos del cambio climático. El Cedib considera que el lago estaba condenado a muerte, pero la intervención humana aceleró el proceso.

Los urus se llaman a sí mismos “hombres de agua”, debido que instalan sus comunidades en inmediaciones de lagos. Su medio de subsistencia es, en esencia, la pesca y la caza de aves acuáticas.

En el último año, las comunidades urus circundantes al lago Poopó atraviesan por una crisis debido a la desaparición del lago, lo que significa la desaparición de su medio de subsistencia.

“El lago era nuestra fuente de trabajo, siempre vivíamos de la caza y pesca, desde nuestros abuelos. Estamos muy afectados y los urus no tenemos una fuente para comer”, declara Adrián Quispe, corregidor de Llapallapani, una de las comunidades urus contiguas al lago.

Junto a Llapallapani, se encuentra Vila Ñeque y Puñaka Tinta María, las tres comunidades de esta cultura que viven desde hace cientos de años a orillas del Poopó.

“A partir de 2010, el lago se fue secando significativamente, pero este año se ha secado completamente. En los últimos meses no tenía ni medio metro de profundidad”, relata Mario Álvarez, el alcalde mayor de Vila Ñeque, recordando años anteriores cuando aún se podía navegar por el lago.

El lago Poopó, de 84 kilómetros de largo y 55 de ancho, equivalentes a unos 4.620 kilómetros cuadrados que lo convertían en el segundo más grande de Bolivia, hoy alberga solo el 2 por ciento de su caudal de agua. Los peces, como el pejerrey, carachi y mauri, desaparecieron, de la misma manera que las aves: patos y flamencos.

Este lago, que hace años llegó a tener un paisaje con una gran biodiversidad y actividad pesquera, ahora se reduce a un desierto con un suelo salitroso y botes de calaminas abandonados, dispersos en lo que era el lago.

 

Migración

“Las comunidades ahora estamos migrando a otros lugares en busca de trabajo. Por eso, estamos tristes, llorando. Ya no estamos yendo a las ferias a vender nuestro pescado. Tampoco tenemos dinero para comprar materiales escolares para nuestros hijos”, comenta Quispe recorriendo su comunidad en la cual se evidenciaba la presencia de pocas familias.

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La mitad emigró

En las tres comunidades urus, hace algunos años se contaban 900 familias. Con la reducción del agua del lago, es cifra se ha reducido a la mitad, pues el otro 50 por ciento migró de sus comunidades para encontrar otras fuentes de trabajo.

“Hay mucha preocupación de la comunidades, de los comunarios por falta de trabajo. El lago era la fuente de trabajo de subsistencia sacando pescado, cazando algunas aves, Ahora no tenemos nada de eso, tenemos que salir”, lamenta Simiano Valerio, mallku de los tres pueblos.

Algunas familias decidieron trasladarse a comunidades cercanas para establecer otra forma de actividad económica en el lugar, todo para sobrevivir.

En ese sentido, los comunarios se trasladan a las ciudades de Oruro y La Paz para comenzar una nueva vida allí y dedicarse a actividades fuera de su modo de vida tradicional.

“Existe el peligro de que las comunidades urus del lago Poopó desaparezcan”, vaticina Quispe señalando las casas de la comunidad Llapallapani.

 

Otras actividades

Ante el panorama de la sequía del lago, las familias urus que decidieron permanecer en sus comunidades optan por buscar en los últimos años formar alternativas para su subsistencia. “Desde hace un año, estamos plantando quinua y algo de papa en las parcelas que tenemos, pero las tierras cultivables son pocas”. Comenta Quispe señalando su parcela de quinua.

“Hacemos adobes, artesanías, lo que podamos estamos lo haciendo. No tenemos nada, nosotros estabamos acostumbrados a comer lo que nos ofrecía el lago”, expresa, a su vez, Félix Mauricio Zuna, poblador de Puñaka Tinta María, mostrando los botes deteriorados en los que él y sus vecinos salían a pescar.

Muchos comunarios también optaron por dedicarse a la albañilería ofreciendo sus servicios en los municipios cercanos, trabajando durante el día y regresando a sus comunidades por la noche.

 

MUEREN MILLONES DE PECES

El director del Servicio Departamental de Agricultura y Ganadería de la Gobernación de Oruro, Severo Choque, reportó en diciembre de 2014 la muerte de 3 millones de peces a orillas del lago Poopó.

“Manejamos tres hipótesis para explicar la muerte de 3 millones de peces en el lago Poopó: la reducción del espejo de agua, lo que provocó calentamiento y falta de oxígeno, siendo una de las posibles causas”, dijo en ese entonces.

Otra hipótesis manejada en ese entonces es que fuertes vientos sacudieron las aguas del lago y provocaron no sólo la muerte de peces, sino también de aves.

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Choque añadió que la tercera hipótesis es que se habrían concentrado elementos tóxicos en el lago por efectos de la contaminación ambiental. Los especialistas recogieron muestras de agua, suelo y de animales muertos para analizarlas y determinar las causas que provocaron ese desastre.

La contaminación minera y el cambio climático afectan al lago Poopó y, por ende, a los comunarios de la nación Urus, quienes piden atención urgente sobre este problema.

El director del Programa de la Cuenca del Lago Poopó, Eduardo Ortiz, pidió en ese entonces declarar en emergencia al lago Poopó por la muerte de los peces encontrados.

El responsable del Programa dijo que este fenómeno perjudicará a la producción de peces por lo que recomendó que en el lapso de un año no se pueda realizar ninguna pesca para evitar la extinción de los animales acuáticos.

“La recomendación más inmediata es que se ha propuesto es de que pueda efectuarse una veda de por lo menos un año para que puedan repoblarse los peces”, expresó en aquella ocasión Eduardo Ortiz.

 

CEDIB: INTI RAYMI DESVIÓ AGUA

Desde los años 80, la empresa minera Inti Raymi usó grandes cantidades de agua del río Desaguadero para sus operaciones. Ese río alimenta al lago Poopó y la empresa desvió sus aguas para llenar su lago artificial, señaló hace unos días el investigador del Cedib, Jorge Campanini.

Campanini explicó que lo que sucede con el Poopó se debe al factor climático y a la actividad minera en la zona.

Dijo también que, según el Plan Maestro del Poopó, el lago estaba “condenado a muerte”, un proceso que tomaría 500 o 600 años, pero la actividad humana contribuyó a acelerarlo.

Así, esa situación se “radicalizó” con la actividad minera, pues el desvío que hizo Inti Raymi restó “millones de litros diarios” al lago, afirmó.

Respecto a las acciones para tratar de recuperar el lago, Campanini dijo que hay dos acciones inmediatas que se pueden acometer: una es dragar el lago porque está lleno de sedimento y la otra es garantizar un flujo racional de entrada de agua para recuperarlo por etapas.

Además, dijo, tendría que activarse el cumplimiento de todas las leyes mineras y ambientales, lo que significaría, por ejemplo, que la Empresa Minera Huanuni tenga un dique de colas para sus desechos. Dados los pasos iniciales, dijo que “lo titánico” sería intentar un manejo integral de la cuenca.

Sobre el dragado, la diputada del MAS, María Requena, dijo al diario La Patria que no hay dinero suficiente para esa tarea, por lo que sólo se pedirá que se haga ese trabajo en el brazo izquierdo del río Desaguadero, para que fluya más agua a esa zona.

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En el área de la cuenca del lago Poopó operan al menos 300 empresas mineras.

 

APRUEBAN LEY DE RESCATE

La Asamblea Legislativa Departamental (ALD) de Oruro aprobó el 17 de diciembre la Ley de Desastre Departamental del Lago Poopó, para gestionar recursos económicos con el propósito de restaurar, preservar y conservar esa marisma, considerada como la segunda más grande de Bolivia.

“Hemos aprobado esta ley de desastre departamental del lago Poopó que permita gestionar ante el Gobierno central y la cooperación internacional recursos económicos para la restauración, preservación, conservación y recuperación de los sectores afectados por el desastre”, afirmó el presidente de la ALD, Zenón Pizarro.

Explicó que esa norma contempla acciones en las zonas afectadas, como los municipios de Toledo, Santiago de Huari, Santiago de Andamarca, Machacamarca, Challapata, Poopó, El Choro y Pazña.

Por su parte, el presidente de la Federación de Pesqueros del lago Poopó, Valerio Rojas, manifestó que la ley permitirá dar ayuda alimentaria a 350 familias pesqueras y luego conformar una comisión interinstitucional.

El viceministro de Recursos Hídricos y Riego, Carlos Ortuño, dijo en días anteriores que se invertirá 897 millones de bolivianos para preservar y salvar el segundo lago de agua salada más grande e importante del país, después del Titicaca.

Según el viceministerio, se prevé que el denominado Plan Director de la Cuenca Poopó se pueda ejecutar en los próximos cinco años. Además explicó que es el cambio climático que provocó la evaporación del lago Poopó.

Expertos de la Universidad Técnica de Oruro y de la Universidad Mayor de San Andrés adelantaron y denunciaron este hecho en varios informes desde hace tres años, sin que sea priorizada su opinión científica.

 

“Nosotros somos urus del lago Poopó, y el lago era nuestra fuente de trabajo. Siempre vivíamos de la caza y pesca desde nuestros abuelos. Estamos muy afectados”
Adrían Quispe | Corregidor de Llapallapani.

“Si no encontramos otra actividad las comunidades urus vamos a ir desapareciendo. Queremos una ley para los pueblos de los lagos que proteja a las comunidades”
Simiano Valerio | Mallku de comunidades urus.

“A partir del año 2012, ha empezado a disminuir significativamente el lago.   No ha llovido. Es un factor que se siente. Tampoco entra agua del río Desaguadero”
 Mario Álvarez | Alcalde mayor comunidad Vila Ñeque.

“No tienen tierra. Son comunidades que tienen una hectárea por familia y eso no abastece para su subsistencia y ahora que el lago se ha secado, la vulnerabilidad es mayor”
Limbert Sánchez | Director del CEPA.

Fuente: LOS TIEMPOS

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