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Encuentro con el mero gigante

Uno de los peces óseos más grandes es el mero Goliat o mero gigante, conocido como “guasa” por los pescadores del Caribe. Sus dimensiones son espectaculares puesto que un adulto puede llegar a medir casi los tres metros de longitud y superar los 400 kilos de peso.

Este mero, el Epinephelus itajara, vive en el Atlántico occidental, desde Florida hasta Brasil, abarcando todo el golfo de México y el Caribe.

El encuentro con uno de estos animales es cada día menos frecuente y, cuando esto ocurre, deja un recuerdo imborrable. Es lo que nos ocurrió estando a 30 metors de profundidad, cuando estábamos intentando grabar una langosta adulta fuera de su cavidad. Todavía no había encendido los focos del equipo cuando apareció una guasa. Por su tamaño y coloración deducimos que era un adulto joven. Un animal joven, si, pero de bastante más de un metro de longitud y de unos ciento cincuenta kilos. En un instante se abalanzó sobre la langosta. Intentó capturarla pero, como involuntariamente le cortamos la trayectoria de salida, no pudo conseguir su objetivo. No se amilanó y seguidamente dio la vuelta abalanzándose de nuevo sobre el crustáceo. Esta vez no falló

Durante este encuentro en el mismo lugar estaban presentes diversos ejemplares de tiburón sedoso de buen tamaño, unos tres metros, y resultaba asombroso observar como se apartaban al paso del mero. Realmente el rey del lugar era el mero goliat. En contraste, estos peces son animales muy curiosos y si ellos no detectan ninguna amenaza pueden acercarse al buceador para observarle.

En toda su área de distribución la supervivencia de este gran animal está seriamente amenazada, incluso se la considera que está en estado crítico. Estos peces son víctimas de la sobrepesca, de la contaminación y de la destrucción de sus hábitats naturales. Tanto la pesca deportiva como la comercial han diezmado sus poblaciones, puesto que su carne es muy preciada y cualquier pescador aspira a fotografiarse con un ejemplar de guasa capturado con una caña o con un arpón de pesca submarina.

Ver a uno de estos animales es cada día menos frecuente y, cuando esto ocurre, deja un recuerdo imborrable

En el medio natural, las larvas y los alevines de mero buscan refugio en los manglares, en las praderas de fanerógamas marinas y en los corales. La destrucción masiva de estos hábitats naturales impide que esto ocurra y amenaza la supervivencia de la especie.

A pesar de esta situación lamentable, en el año 2015 puede haberse producido un punto de inflexión que muestre el inicio en la recuperación de las poblaciones de guasas. El motivo para esta esperanza se basa en que científicos colombianos del Centro de Investigación, Educación y Recreación de Isla del Rosario, CEINER y del Centro de Investigaciones de la Acuicultura de Colombia, CENIACUA, tras más de veinte años de investigación, han conseguido completar todo el ciclo biológico del mero gigante criado en cautividad, superando la gran dificultad que significan la reproducción, el desarrollo de los huevos y la alimentación de las larvas. Después de todo el proceso en este año 2015 se ha conseguido la supervivencia de más de 8.000 alevines.

Aparte de ser un hito científico por si mismo, el proceso de reproducción de la guasa en cautividad puede permitir la recuperación en el medio natural de esta especie. Además el aumento de población de estos animales ayudará a controlar las poblaciones de pez león, puesto que son uno de los pocos depredadores de este pez invasor del Caribe y del Atlántico occidental, el cual amenaza gravemente la supervivencia de las especies de peces locales.

fuente elpais

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