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Barcos hundidos para atraer la vida marina

Fomento estudia crear arrecifes artificiales con embarcaciones abandonadas para impulsar el turismo y proteger el ecosistema

Barcos hundidos para  atraer la vida marina

1. El barco conocido como ‘Sirio’, hundido en el Bajo de Fuera, dentro de la Reserva Marina de Islas Hormigas.

Los pecios crean un hábitat para la vida submarina, pero la madera se pudre con los años y dejan de cumplir esa función

La estampa de un barco hundido en el fondo del mar es bella, y más aún cuando este tipo de arrecife artificial protege ecosistemas sensibles, como la ‘Posidonia oceanica’, y sirve para que los barcos de arrastre no naveguen por ese lugar, ya que corren el riesgo de enganchar sus redes en el pecio. Además, tiene el valor añadido de que es un gran reclamo para el turismo de buceo. Sin embargo, tal hermosa imagen puede cambiar drásticamente una vez que pasan unos cinco años y la madera del barco comienza a pudrirse. Y los organismos y peces abandonan ese lugar. Y el material, poco a poco, se va convirtiendo en un montón de ‘escombros’ que deja de cumplir su principal función: atraer vida en el fondo del mar.

Los centros de buceo de la Región son partidarios de que se hundan navíos en nuestras costas, «siempre y cuando se haga de una manera responsable y cumpliendo estrictamente la normativa». El presidente de la Asociación de Centros de Buceo de la Región, Daniel Martínez, explica que «nosotros estamos de acuerdo en que se hundan embarcaciones que ya no se utilizan, que no sean contaminantes para la vida marina». Añade que «el principal objetivo de estos ‘enterramientos’ bajo el mar es crear arrecifes artificiales en un fondo que tenga un bajo impacto ambiental. De hecho, se trata de crear una zona de vida marina y que, además, sea un gran reclamo para el turismo de buceo».

En Mazarrón hay siete embarcaciones que se hundieron hace ya más de veinte años. El gerente del Centro de Buceo del Sureste, Alfonso García Bachiller, lamenta «el estado en el que se encuentran ahora estos pecios. Están en el ‘Bajo de Emilio’ y es una pena salir a bucear allí, porque es un vertedero de barcos. Las maderas están podridas. Esos barcos ya no cumplen la función ambiental de atraer vida».

Águilas es otro de los municipios costeros en los que hay pecios en el fondo del mar. Son cerca de cuarenta barcos los que se hundieron hace ya unos 22 años. El gerente del Centro de Buceo Estela, José Martínez, señala que los pecios que hay son de madera, por lo que no contaminan. «Tienen más aspectos positivos que negativos, ya que evitan que los barcos de arrastre se acerquen a estos arrecifes artificiales. Lo bueno es que los peces se refugian en los barcos y, además, se crean unas zonas de buceo bastante chulas y que son un reclamo para el submarinismo», explica.

Martínez defiende que lo que hacen en Estados Unidos, grandes defensores del medio ambiente, es crear arrecifes artificiales para favorecer la vida marina. Sin embargo, avisa de que «hay que tener muy controlados los barcos. «El buceo le debe mucho a este tipo de acciones», indica.

Crean la Mesa Náutica

La Comunidad Autónoma está estudiando ‘tirar’ embarcaciones que se encuentren en estado de abandono en diversas zonas costeras de la Región. La Consejería de Fomento e Infraestructuras firmó en marzo del año pasado un convenio de colaboración con diversas entidades del sector náutico y subacuático para crear la Mesa Náutica, una entidad que tiene como principal objetivo «impulsar las líneas adecuadas para el correcto funcionamiento de las buenas prácticas en el desarrollo de este sector». Desde la Consejería añaden que esas prácticas van dirigidas a fomentar todas las actividades náuticas que se realicen en la Región hasta el año 2025.

El presidente de la Asociación de Centros de Buceo de la Región asegura que «nos pidieron iniciativas, y propusimos crear tres arrecifes artificiales en las costas de la Región. Es decir, jardines subacuáticos». En concreto, con la instalación de este tipo de arrecifes se pretende disminuir la presión sobre arrecifes naturales, crear un hábitat para la vida submarina, luchar contra la pesca ilegal, potenciar el desarrollo del ‘ecoturismo’ sostenible y proteger el litoral.

Según la Consejería, «las zonas propuestas por los centros de buceo para crear arrecifes artificiales son Cabo de Palos, Mazarrón y Águilas». Destacan, además, que «se está estudiando la posibilidad de hundir barcos abandonados para crear pecios que sean atractivos para el buceador y que se puedan visitar». Estas embarcaciones «serían declaradas en abandono y posteriormente se hundirían con la colaboración desinteresada de la Asociación de Centros de Buceo».

El consejero Francisco Bernabé asegura que «estas interesantes iniciativas abrirían un amplio abanico de actividades subacuáticas que permitirían fomentar el ejercicio del buceo recreativo en la Región, al tiempo que potenciarían su valor turístico y la visita de los amantes de la belleza y la tranquilidad de las profundidades de nuestras costas». Bernabé añade que la Región «cuenta con una extensa costa y magníficas características climatológicas, que la convierten en un lugar inmejorable en el que las actividades subacuáticas se pueden ejercitar prácticamente durante todos los meses del año».

Vertederos

Los barcos hundidos favorecen las praderas de ‘Posidonia oceanica’ y atraen vida. Sin embargo, existe un problema: el navío, cuando cumple varios años, pasa a ser un montón de madera y deja de atraer a organismos. Y, como dicen los especialistas, «el mar no puede ser un vertedero». Los arrecifes artificiales combaten la degradación de los ecosistemas marinos y con ellos se recuperan especies amenazadas. Por ello, los pecios son un hogar para los seres vivos.

El jefe del servicio de Pesca y Acuicultura de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Acuicultura, Emilio María Dolores, asegura que «según el convenio de Barcelona, en el mar territorial no está permitido hundir barcos de ningún tipo. En cambio, en zonas donde hay polígonos de arrecifes artificiales sí hemos hundido barcos de madera para atraer vida y proteger las praderas de posidonia. Estos polígonos de arrecifes artificiales se crearon con muros de hormigón y ahí es donde hemos hundido barcos. Se trata de concesiones administrativas de la Demarcación de Costas».

Antes de entrar esta norma en vigor, explica que se hundían en el mar los cascos de los pecios de madera, «y tenían que estar completamente limpios, sin motores y sin aceites». Añade que desde hace unos siete años «no se hunden barcos. No se fabrican pecios de madera. Otra cosa distinta es crear estructuras artificiales que simulen barcos». Para que la Comunidad Autónoma pudiera hundir navíos, Emilio María Dolores aclara que «tendrían que estudiarse muy bien las condiciones de esos barcos, conseguir la autorización de la Demarcación de Costas del Estado y hacerlo en polígonos de arrecifes que ya estén creados».

Hay que ‘limpiarlos’

Los expertos en biología marina sostienen, tal y como exige la ley, que es necesario ‘limpiar’ el barco antes de echarlo al agua. «Los pecios tienen que estar completamente descontaminados. Es decir, no pueden llevar ningún tipo de material que afecte a la vida marina. Se les tienen que quitar los motores y todos los objetos de metal y de hierro, porque contaminan los ecosistemas», asegura la investigadora del Instituto Español de Oceanografía (IEO), Elena Barcala, quien asevera que «la madera no contamina la flora ni el ecosistema. Con el paso de los años acaba desapareciendo». Este tipo de arrecifes artificiales, añade, «sirven de concentración para el refugio de diferentes juveniles de especies, y además para que los barcos de arrastre no naveguen por estos lugares».

Otro de los objetivos por los que se empezó a verter barcos al mar fue para frenar la pesca de arrastre. «Se ha conseguido que los arrastreros no faenen en zonas donde hay praderas de posidonia, que es el sustento principal de la biodiversidad marina en nuestras costas», relata Juan Manuel Ruiz Fernández, también investigador del Centro Oceanográfico de Murcia. Explica, asimismo, que «nuestros datos indican que las praderas de posidonia han dejado de deteriorarse desde que los barcos de arrastre no frecuentan estos lugares protegidos. Además, hay que recordar que esta actividad se practicaba de forma ilegal sobre praderas de posidonia y ha sido una de las mayores causas del declive de este hábitat».

En cuanto a los contaminantes, los expertos señalan al metal como «uno de los materiales que menos favorecen a la fauna marina». Aseguran, además, que los barcos de madera se descomponen, se rompen y se convierten en un montón de escombros «que no perjudica a los organismos, pero tampoco les beneficia». Por su parte, Ruiz apunta que, «cuando pasan unos años, el pecio se deteriora y ya no hace nada en el mar. Su función era ser una estructura perdurable que atrajera a los organismos que colindan el barco, que a su vez son alimento para peces. Y al descomponerse el barco, esa cadena trófica ya no se forma».

Sin embargo, los científicos advierten de que hay que ser «cautelosos» con este tema. Algunos defienden que lo que no se puede hacer es estar hundiendo pecios continuamente. «No estamos de acuerdo en que se hundan barcos indiscriminadamente. Está bien que se haga, siempre y cuando se estudien las condiciones en las que se van a hundir barcos y con qué objetivo. Se debe permitir en circunstancias que estén muy bien justificadas, no solo desde el punto de vista socio-económico, sino también ambiental. Pero tiene que quedar claro que el mar no se puede convertir en un vertedero de barcos, por muchos ecosistemas marinos que creen», exponen.

fuente nuestra-tierra

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