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La pesca se hunde en Tarragona

La pesca está en recesión en el litoral tarraconense. «La desaparición de especies se nota desde hace unos cinco años en toda la costa catalana, pero el año pasado fue catastrófico en Tarragona. Con el dinero que sacaron no se llega ni para cubrir gastos», expone Javier Barcala, miembro de la sectorial del Mar de CCOO en Cataluña.

El sindicato ha alertado de la situación «crítica» que atraviesan 250 familias que dependen del pescado azul en la demarcación de Tarragona. Según CCOO, los ingresos de los tripulantes de las embarcaciones se quedaron en menos de 300 euros al mes en el último año, cuando el sueldo medio ronda los mil euros mensuales. En todo caso, la retribución depende de que salir a faenar se traduzca en regresar con mercancía a puerto.

«Desde que empezaron el 15 de febrero, los que más han ganado han obtenido desde entonces unos 400 euros por pescador, pero hay otra embarcación con 10 trabajadores que sólo han sacado 80 euros cada uno en cinco semanas, 10 euros por cada día que han vuelto con pescado», detalla Barcala.

Para hacer frente a la crisis, CCOO propone auxilios excepcionales de las diversas administraciones; entre ellas, exenciones fiscales para los armadores y ayudas sociales para los empleados que cubran una cantidad mínima equivalente al salario mínimo interprofesional. El sector anunció una huelga a partir del 4 de abril; cofradías como las de Tarragona y L’Ametlla de Mar también han levantado la voz de alarma.

Barcala comenta que «la sardina prácticamente ha desaparecido en Tarragona, y el boquerón es demasiado pequeño, por lo que es más barato». «Son pescados más pequeños, en menos cantidad y menos comercializables», resume.

Las estadísticas del Departament d’Agricultura demuestran fuertes oscilaciones entre puertos. Sirva como ejemplo los beneficios generados con la sardina en 2015. En L’Escala recaudaron 1,31 millones de euros; en Vilanova i la Geltrú, 1,26 millones, y en Blanes, 800.000 euros; en cambio, en Tarragona se conformaron con 517.281 euros, mientras que los resultados aún fueron más magros en Cambrils (72.764 euros), Sant Carles de la Ràpita (8.045 euros) y L’Ametlla de Mar (6.603 euros). Las cofradías de esos tres municipios encajaron el año pasado la cifra de capturas más reducida de lo que va de siglo.

CCOO reclama un estudio biológico urgente para descubrir las razones del vacío en los caladeros en el litoral tarraconense, una desbandada que en las inmediaciones del Delta del Ebro se aprecian desde hace al menos un par de años. El sindicato sospecha que puede tratarse de contaminación de las aguas, debido a vertidos de las grandes empresas químicas y petrolíferas de la zona.

Aparte, hay especies que han variado su ciclo vital o se ha palpado la invasión de ejemplares impropios en primera línea de costa. «Hay mucha población de atunes, que son voraces con otras especies, y se ha hecho autóctona», advierte Barcala, «se está quedando a vivir en grandes cantidades en toda Cataluña. Los pescadores de Roses cuentan que nunca se habían encontrando atunes en el golfo. Además, hay estudios que indican que sus defecaciones son muy agresivas».

Cazar atunes podría ser un remedio dada la escasez del género tradicional, pero hay una pega: sólo se autoriza a recogerlos a buques preparados para ello. Eludir la restricción comporta multas de 1.000 euros por cada kilo recogido.

Pese a que las redes también se recogen con menos ejemplares en otras localidades, los pescadores «van sobreviviendo», según Barcala: «En Roses, la media de lo que gana un barco está en 430.000 euros al año, que no es tanto si se tiene en cuenta que son de 12 personas. En Vilassar de Mar, la media por embarcación está en 330.000 euros y en Tarragona, en 170.000». Si se toman los ingresos globales producidos por la pesca, se percibe que 2015 fue el año más flojo en Cataluña desde 1999, con un importe apenas superior a los 100 millones de euros. Las capturas del año pasado, que se saldó con 27,6 toneladas de pescado, también son las más bajas desde 1981, según Agricultura.

Una alternativa sería marcharse a faenar fuera de la costa de Tarragona, aunque Barcala matiza que supondría costes adiciones a riesgo de no volver con producto suficiente: «Los pescadores de Tarragona siempre han defendido sus aguas y no han invadido otras. Podría ser una salvación ir a Castellón o Barcelona, pero supondría estarse allí toda la semana e invertir mucho sin saber cómo irá».

La tradición rige en el pago a los pescadores. En Tarragona, cobran un jornal llamado pelut, unos 10 euros por cada jornada que se desembarca mercancía, más unos tres o cuatro kilos de la pesca del día.

fuente elmundo

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