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Un oasis acuático frente a Punta de Jinámar

Hace 39 años ninguna persona buceaba frente a la Punta de Jinámar. Era un erial. En el fondo marino solo se podía encontrar una vasta extensión arenosa sin vida ni interés alguno. Sin embargo, el 23 de abril de 1978 un buque frigorífico llamado Arona se hundió allí tras varias explosiones en su sala de máquinas.

El barco cayó durante 35 metros hasta toparse con el lecho, donde quedó tumbado sobre la costa de estribor. Décadas después se ha convertido en un oasis en medio de la inmensidad arenosa. Un vergel repleto de fauna y flora marina inimaginable. “El pecio ha generado un boom de vida marina difícil de creer“, afirma Gorka Gutiérrez, uno de los propietarios de la tienda y escuela de submarinismo Buceo Canarias (en el Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria) y miembro de la Asociación de Empresarios de Buceo de Gran Canaria. De hecho, asegura, que “es el lugar de Gran Canaria donde hay más variedad y cantidad de vida”.

Gorka, que ha buceado en él en innumerables ocasiones, describe la sensación como la de acercarse “a un trozo de historia que está ahí, intacto e íntegro, para que uno lo descubra”. Las rutas que se pueden realizar son variadas. Este experto submarinista recomienda visitarlo equipado con Nitrox o aire enriquecido, una variación de la composición de oxígeno en la botella que permite “estar más tiempo sumergido”, explica.

Bucear sobre la parte más próxima a la superficie implica descender hasta unos 20 metros de profundidad. El barco, que mide unos 100 metros de eslora (96,70), se puede recorrer “desde la popa a la proa por su interior”, destaca Gorka, aunque recuerda que para este tipo de inmersiones (por dentro de barcos hundidos) “es necesario realizar un curso específico“. “Las condiciones del mar y el deterioro del barco, que no está construido para estar en el fondo del mar, pueden cambiar su estado en cuestión de segundos y para enfrentarse a esto hay que estar debidamente preparado”, afirma Gorka.

Las explosiones que lo llevaron al fondo de la Punta de Jinámar, a unos 1.100 metros de la costa, cuando volvía al Puerto de la Luz y de Las Palmas para ser reparado tras una primera serie de deflagraciones, abrieron varios puntos de acceso a las bodegas.

Pese a que el interior es variado y una inmersión por su interior es excitante, ver el exterior del Arona es más que suficiente para vivir una grata experiencia. “Cuando visitas este pecio nunca ves más de 20 metros por delante de ti, es como bucear con niebla por lo que cada segundo es un descubrimiento de algo inesperado”, relata el director de Oceanográfica, Arturo Boyra.

Al igual que Gorka, él también ha visitado varias veces este oasis de vida. “La primera visión que tienes cuando te acercas al barco es la de un accidente, una tragedia… Es espectacular porque tiene muchos mástiles que sobresalen por todos lados”.

En los alrededores del buque se pueden ver “grandes bancos de roncadores, bicudas, bogas y besuguitos” describen ambos submarinistas, que también avisan de algunos tiburones martillo que aparece de vez en cuando. Si uno accede al interior de las bodegas se encontrará “a los peces que les gustan las zonas oscuras: catalufas, rascacios y alfonsitos, entre otros”. Mientras que si se desciende hasta el fondo, a 35 metros de profundidad, se podrán ver “grandes chuchos que han hecho de ese lugar, especialmente protegido por el barco, su hogar“.

El casco del Arona no ha quedado indiferente al paso de varias décadas en el fondo del mar. “Los pequeños corales como las gorgonias o grupos de anémonas han sembrado toda la superficie del buque”, afirma Gorka. La explosión de color es tal que se ha convertido en uno de los pecios más visitados de la ciudad.

fuente .laprovincia

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