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Coastering, la unión extrema de escalada y buceo que debes probar

La actividad se ha popularizado rápidamente en costas Europeas

Una nueva moda se ha desatado en Francia entre los amantes de la adrenalina y la naturaleza. 

Se trata del coastering, un práctica extrema que consiste en subir a una roca en la que chocan violentamente las olas del mar, desplazarse por una de sus paredes hasta encontrar el lugar ideal para saltar al agua y explorar a nado una gruta.

Esta actividad surgió en los años 90 en Gales con una finalidad lúdica, y se fue extendiendo a través del rocoso litoral del Reino Unido e Irlanda, hasta convertirse en un pasatiempo popular que ya ha traspasado fronteras.

Desde hace unos años su práctica crece en las costas francesas, especialmente en la Costa Azul, en Bretaña y en Normandía.

Aunque está autorizada en el país galo, la actividad no está reconocida como tal. Lionel Richard, que aboga por su oficialidad desde Niza, lamenta el ‘limbo jurídico’ en que se halla, lo que obliga a bautizarla como “espeleología al borde del mar”.

Foto: Fred Tanneau / AFP

Lanzarse a la aventura y al mar

Equipadas con un casco, un traje de neopreno y zapatillas deportivas, ocho personas tratan de descubrir los imponentes acantilados del parque natural de Armórica.

“Aquí estamos por encima de la chimenea del diablo”, explica durante una parada un joven guía.

Tras un primer salto al agua que apenas alcanza los 20 grados de temperatura, el grupo prosigue a nado hasta un montículo rocoso. “Aquí hay cuatro metros de altura, ahí cinco y allí seis o siete metros. Cada uno elige”, invita el guía.

“Yo tengo ganas de ir hasta allí, de saltar desde ahí arriba, nunca hice esto pero tengo ganas ahora“, asegura Sandra Sabatier, de 48 años, que ya empieza a sentir la adrenalina en sus venas.

Algunos miembros del grupo vacilan, pero todos acaban saltando hacia la cueva.

Foto: Fred Tanneau / AFP

“¡Es magnífico! Recomiendo esta actividad a todos, aunque hay que ser hábil en el agua y en las rocas”, reconoce Nina, de 16 años, con una amplia sonrisa.

Todos los asistentes quedan encantados con la gruta del diablo, a la que sólo se puede acceder por mar, a través de un orificio que el agua hizo en la roca dejando una forma parecida al conducto de una chimenea.

“El lugar es magnífico, es realmente algo diferente y fabuloso descubrir el medio ambiente de esta forma”, explica Christian Massias, otro adepto, de 50 años.

Las tres horas de actividad, dos de ellas en el agua, deparan un regreso feliz al punto de partida para los valientes que vivieron la experiencia y ahora esperan deseosos repetirla.

¿Te animarías a probar esta actividad o prefieres quedarte a la orilla de la playa?

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