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La rotura de jaulas de piscifactoría por la borrasca Gloria llena de pescadores la costa de Dénia

El devastador temporal del mes pasado fue, aparentemente, Gloria bendita para los pescadores. La borrasca que tanto daño causó en el litoral de la Marina Alta contó entre sus destrozos los ocasionados en las piscifactorías de todo el arco mediterráneo. Cientos de miles de peces en proceso de cría quedaron así liberados de sus jaulas, y de eso se benefician de momento los aficionados a la pesca. Desde entonces, capturar un pez con la caña es más fácil que nunca. O al menos que hace muchos años. Las doradas o los llobarros, dos especies habituales en las piscifactorías, pican ahora de verdad.

Ahora bien. Lo que que parece ser una bendición para la práctica de la pesca puede, a más largo plazo, tener un impacto negativo sobre la población piscícola y, por tanto, también sobre la práctica pesquera.

Hasta tres doradas en una recogida de caña, ayer en les Deveses.

Expertos en el medio marino y en la pesca coinciden. La presencia de peces en las costas de Dénia se ha incrementado de forma muy notable. Desde que pasó la borrasca Gloria, en la desembocadura del río Molinell «se inflan a pescar» llobarros. Algo más al sur, en la zona de l’Almadrava, sucede lo mismo con las doradas. Es lo que explica el biólogo Frederic Alemany, un asiduo de la zona que es además profesor de acuicultura en el delta del Ebro.

Alemany sostiene que el pescado que inunda el mar en Dénia desde el paso de Gloria podría proceder de las jaulas de piscifactoría que el temporal destrozó en Sagunt (València), y no de las de Calp y Altea -más próximas- , ya que la borrasca llegó con viento del norte.

No obstante, explica, este fenómeno no sólo se da en Dénia. Está siendo generalizado». «Desde San Pedro del Pinatar (Murcia) hasta el delta del Ebro», Gloria arrambló con los cultivos de piscifactoría. Principalmente de dorada y llobarro, aunque también de corvinas o atunes.

Las capturas llegan a ser realmente masivas estos días.

«Hay gente que va y en una tarde se lleva capazos llenos de pescado; llenos del todo». «Es poner la caña y en un minuto sacarla con una dorada» o un llobarro, según el caso. Es lo que explican vecinos de les Deveses, testigos de esta fiebre por la pesca que se ha desatado desde el paso del temporal.

Pero el fenómeno no es exclusivo del tramo norte de litoral de Dénia, sino que en toda la costa o incluso mar adentro está sucediendo lo mismo. También las barcas de la flota pesquera de Dénia llegan estos días más cargadas de pescado de lo habitual.

«Los pescadores están cogiendo peces a punta pala», explica Javier Pérez Carrió, del Club de Pesca Dénia. Aunque el asunto, advierte, no es tan positivo como podría parecer. «El problema es que ese pescado se tiene que coger, porque se come todo el alimento de las especies salvajes y pone en peligro la reproducción de las mismas», señala.

Además de otra cuestión: ese pescado procedente de las jaulas de piscifactoría no tiene, según su parecer, «la calidad suficiente para poder disfrutarlo». Aunque admite que eso es «cuestión de gustos».

Aún por calibrar el impacto sobre el medio marino

Lo que está todavía por medir es los efectos que este fenómeno puede tener sobre el medio marino. Hay que tener en cuenta que el pescado de piscifactoría tiene más dificultades para sobrevivir en el medio salvaje. «Está acostumbrado a que le den de comer», explica el biólogo Frederic Alemany. En su opinión, «aún es pronto para saber realmente qué porcentaje de esos peces escapados de las jaulas se asalvaja y se incorpora a los depredadores» y qué porcentaje muere en el intento.

En todo caso, hablamos de cantidades industriales. «Una única jaula contiene medio millón de doradas», y las instalaciones «son polígonos de entre 8 ó 10 jaulas». Es decir, que quizás sólo en una playa como pueda ser la de les Deveses pueda haber ahora, tras Gloria, como «50.000 o 100.000 doradas».

En ese sentido, Alemany pone el acento en que lo importante es determinar qué efecto puede tener eso en el medio marino. «Las doradas pican el fondo, igual que los llobarros en el río» en busca de comida. En las jaulas estaban «acostumbrados a que les dieran de comer todo el día, pero sí saben pasturar», explica. Y tanto pescado picando el fondo podría tener un impacto, aún por calibrar, en la fauna propia de esos fondos: petxines o conchas, gusanos, cangrejos,…

https://lamarinaplaza.com/2020/02/26/la-rotura-de-jaulas-de-piscifactoria-por-la-borrasca-gloria-llena-de-pescadores-la-costa-de-denia/

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