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Los cinco ríos del sur de Lugo donde no se podrá pescar en un solo metro

Que los ríos ya no son lo que eran es bien sabido. Para los aficionados a la pesca, dejaron de serlo hace mucho tiempo. El traslado de esa realidad a las normas que regulan la captura de la trucha es bastante más reciente, pero las restricciones van en aumento cada nueva temporada. En la que dará comienzo el 15 de marzo próximo, y en el ámbito del sur de la provincia de Lugo, serán cinco los cauces fluviales que permanezcan vedados en su totalidad para la pesca.

A los ríos Antiga (O Incio), Bieitas (Taboada), Eviande (Chantada) y Portiño (Bóveda), en los que ya se aplicó esa medida la pasada temporada, se suman ahora los quince kilómetros del arroyo que Rioseco que distan entre su nacimiento y la desembocadura en el Cabe.

Los ríos vedados por completo reúnen en total algo más sesenta kilómetros. En otros dieciséis kilómetros, correspondientes a tramos puntuales de otros cuatro cursos fluviales, tampoco se podrá pescar. Estas restricciones afectan al Mao (entre Mosteiro y Goo), al río Pequeno (entre la carretera de Folgoso y Seoane y su desembocadura en el Lor) y al Sardiñeira. En este último caso se vedan doce kilómetros, desde su nacimiento a la confluencia con el arroyo de Portiño.

Sobre el papel, las vedas deberían jugar un papel importante en la recuperación de las poblaciones de trucha. Pero los peces cada vez escasean en mayor medida y muchos pescadores observan con escepticismo la adopción de este tipo de medidas. En el tramo urbano del Cabe, por ejemplo, veinte años de restricciones a la pesca no sirvieron de nada por los altos índices de contaminación que sufren las aguas.

 

«Para entender o problema da pesca sempre poño o exemplo dunha troita metida nunha pecera. Botas dentro unha pedra pola contaminación, outra pola sobrepesca que houbo noutros tempos, outra máis polo cambio climático… E cando te das conta, a troita quedou sen auga», explica el exconcejal y veterano pescador Xan Antón Rodríguez.

Apariencias que engañan

Los vedados buscan crear refugios naturales para la supervivencia de la trucha en tramos teóricamente poco contaminados. Pero, ¿tiene sentido vedar el arroyo de Rioseco? Por lo que dicen los expertos, sí. «Sempre se fixeron boas pescatas nel os primeiros días da tempada. A troita busca os regatos para desovar e se atopa caudal suficiente queda alí en vez de volver ao río principal. No de Rioseco, un bo ano é fácil que haxa dúas ou tres troitas por poza», explica Manuel Rodríguez Meira, representante de los pescadores de la zona en el comité gallego de pesca fluvial.

La dieta diaria de los cormoranes, entre 400 y 700 gramos diarios de peces

El comité gallego de pesca fluvial se reunió en noviembre para aprobar las condiciones que regirán en la campaña de este año. Los participantes también tuvieron acceso a un avance del estudio sobre la evolución temporal de la población invernante de cormorán en Galicia que encargó la Consellería de Medio Ambiente a la Universidade de Santiago. La investigación recoge un análisis de la dieta de esta especie en los veinte principales ríos gallegos. Sus conclusiones servirán de referencia para la elaboración de un plan de gestión específico, en el que está previsto que la consellería comience a trabajar durante este año.

La incidencia de la población invernante del cormorán sobre las poblaciones de salmónidos no es una cuestión menor. El seguimiento realizado por los investigadores de la Universidade de Santiago pone de relieve que estas aves migratorias necesitan entre 400 y 700 gramos diarios de pesca para alimentarse. Los biólogos, sin embargo, descartan por ahora la aplicación de medidas de control. Su principal argumento es que este espacio sería ocupado por otros depredadores igual de dañinos.

También en tramos altos

Las colonias invernales de cormoranes se dejaron notar en un primer momento en los embalses del Sil y el Miño. Sin embargo, en los últimos años su presencia se fue extendiendo de forma paulatina a ríos y arroyos del sur lucense. En el tramo vedado del Cabe en pleno casco urbano, es fácil verlos sumergirse y asomar con algún pez en la boca. Los pescadores constataron en las últimas campañas su desplazamiento hacia los cursos más altos de los ríos trucheros.

As Malloadas, un caso atípico

El arroyo de As Malloadas estará vedado para la trucha en los 150 metros que separan el puente Fontecha y su desembocadura, junto al estacionamiento del Parque dos Condes. Un grupo de aficionados locales pidieron que se adoptase esa medida al comprobar cómo algunos pescadores esquilmaban en pleno parque las truchas que suben desde el Cabe. Es uno de los vedados más pequeños que recoge la orden anual de Medio Ambiente. foto c. cortés

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