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Badalona, a la espera de que la Armada determine si hay una bomba en su mar

Gustavo Gutiérrez, conductor de bus en TMB, le gusta bucear. Pero nada complicado, el nivel medio de un padre de familia bregado en la caza de cangrejos de roca. Unas gafas, un tubo y cerquita de la arena. Este viernes se ha echado al agua en la playa del Cristall de Badalona con su hija pequeña, y a 15 metros de la costa y a dos de profundidad ha encontrado un objeto que le ha parecido sospechoso. O mejor dicho, familiar. Le han venido a la cabeza las imágenes del proyectil de la guerra civil hallado el pasado domingo en la Barceloneta. Y claro, ha dado la alarma a los socorristas, que a su vez han avisado a la policía local y la cosa ha terminado con la Guardia Civil peinando el fondo marino y media playa acordonada. Tras casi una hora bajo el agua, dos buzos de la Benemérita han sido incapaces de confirmar o descartar la presencia de un artefacto explosivo. Serán las Fuerzas Armadas las que determinen, el sábado, la naturaleza real del descubrimiento.

Sería media mañana cuando la tranquilidad se ha vuelto curiosidad en este arenal de la Badalona postindustrial. Porque aquí, como pasaba en buena parte del litoral metropolitano, la costa estaba repleta de fábricas que usaban el mar de trastero. Y el tránsito de una cosa a la otra se hizo de aquella manera. En el Cristall suelen arremolinarse bañistas de toda la vida. Los veteranos se quejan de la restricción de aparcamiento que ahora les obliga a cargar sillas, sombrillas, nevera y demás enseres desde el otro lado de las vías, la eterna línea ferroviaria que cruza el Maresme. A Joana y al matrimonio que forman Fina y Félix el asunto les ha cogido cerca. Han llegado a la playa poco después de las ocho de la mañana y suelen irse a las dos del mediodía. Hoy, porque esto no pasa todos los días, han alargado hasta más allá de las tres. “El chico ha salido del agua y luego han venido dos socorristas. Al cabo de un rato han sacado a la gente del mar y han acordonado la playa. Me parece que dos bombas en una semana sería demasiado”, reza el hombre, natural de La Rioja, residente en Santa Coloma y camarero jubilado (guarda en su móvil las fotos del primer día detrás de la barra, con 14 años, y del último, poco tiempo atrás).

Dos hombres rana

Los buzos de la Guardia Civil, un hombre menudo y otro de gran tallaje, han pasado cerca de una hora barriendo el mar. Una boya roja marca el punto en el que Gustavo ha dado con el presunto proyectil, pero los hombres rana han ampliado y mucho la zona de búsqueda mientras una lancha neumática de la Benemérita les daba apoyo desde la superficie. Al parecer, y tal y como han relatado ya en tierra mientras intentaban sacarse el pegadizo neopreno, han distinguido una veintena de pilares de hormigón. “¿Aquí había antes un pantalán o una construcción?”, ha preguntado el más grandote. Personal del Ayuntamiento de Badalona le ha explicado que la desarticulación de las industrias generó vertidos incontrolados al mar que incluían estructuras enteras de las fábricas. De ahí las columnas. A pesar del apunte histórico, los buzos no se han atrevido a descartar la presencia de explosivos en el lugar, ya que han salido con la duda de si uno de esos objetos era un proyectil. “Hasta que la Armada no diga de qué se trata, yo no me atrevo a dar nada por seguro. Hay unos 25 pilares, algunos enteros, otros partidos. Son redondos y algunos tienen un cilindro en el interior. Les mandamos las imágenes y que ellos decidan”. Finalmente, será algo más que eso, ya que los expertos en contraminaje de las Fuerzas Armadas se harán carne en Badalona el sábado para despejar la incógnita del explosivo. Vienen desde Cádiz.

Álex Pastor, alcalde del municipio, ha estado siguiendo los trabajos desde el paseo marítimo. Ha confirmado que el Cristall permanecerá parcialmente cerrado hasta que se aclare la situación y ha recordado ese pasado fabril de Badalona, lamentando los “vertidos de grandes residuos al mar” que explicarían, en parte, el hallazgo matinal del joven conductor de autobuses de Barcelona. Gustavo, de hecho, ha llegado a tocar con su mano el objeto que le ha recodado la bomba de la guerra civil que el lunes fue detonada mar adentro. “Había un montón de peces comiendo en algo que parecía una roca rebozada. Cuando nos hemos acercado se han ido y entonces he visto un artefacto igual que el que vimos por la tele hace unos días. Lo he tocado, estaba duro”.

No hay peligro

La Guardia Civil ha aclarado que no existe riesgo alguno de deflagración y que aislar la playa es una simple medida de precaución y sentido común. Si se confirma que se trata de pilares de la era industrial, todo quedará en una anécdota y se podrá abrir la reflexión sobre la relación entre el hombre y los océanos. Si la Armada encuentra de nuevo explosivos, deberá determinar qué hacer con ellos, ya sea volarlos en alta mar o retirarlos con seguridad. A principios de semana, Juan Pedro Saura, jefe del Grupo de Desactivación de Explosivos de la Unidad de Buceadores de Medidas contra Minas, viajó desde Cartagena a Barcelona para neutralizar la bomba hallada a 25 metros de la arena. El artefacto, muy deteriorado, se alejó una milla de la costa y se hizo explotar a una profundidad de 40 metros.

La presunta bomba ha sido el tema del día en la ciudad. “Si Albiol fuera alcalde y viera las cámaras, se tiraría al agua y sacaría el explosivo con sus manos”, bromea una mujer. “Esta playa es la bomba“, suelta Juan, en su triunfante entrada al cercano Bar Tuga, donde sirven un estupendo bocadillo de tortilla francesa. Félix, el camarero jubilado, dice que llevaban dos días sin poderse bañar porque había bandera roja. Venían igual y se remojaban en la ducha. “Una mujer se metió en el mar y el de la Cruz Roja la advirtió con el silbato. Yo me habría muerto de vergüenza”, reza Joana, que da la espalda a las cámaras porque le da pavor salir en la tele. Por la tarde, mientras se espera la llegada del experto en bombas, el Cristall mantiene un pequeño retén de la policía local de Badalona. El sábado por la mañana, Felix y Fina estarán en su sitio de siempre. A la espera de acontecimientos y disfrutando de su jubilación.

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