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Marcel Korkus bate el récord de buceo en altitud en la Laguna Cazadero, a 5.990 m

La exploración en las grandes montañas adquiere formas diferentes y creativas, respondiendo sólo a la imaginación de sus protagonistas. El sueño del polaco Marcel Korkus era bucear más alto de lo que nadie lo había hecho jamás. Una inmersión que, para homologar el récord, debe realizarse al menos a 5 metros de profundidad y debe prolongarse como mínimo durante 20 minutos.

El aventurero descubrió su objetivo en la Laguna Cazadero, de 180 m de largo por 70 m de ancho, y situada a una altitud de 5.990 m sobre el nivel mar. Eso es en la parte alta del volcán Cazadero, también conocido como Walther Penck (6.659 m), en medio de la Puna de Atacama, en los Andes de Catamarca (Argentina). Si su profundidad alcanzaba esos deseados 5 metros, sería un excelente lugar para realizar ese sueño y batir el récord, que hasta entonces se situaba en los 5.900 m de la laguna del Volcán Tres Cruces, también en la Puna de Atacama.

A continuación, Pablo Lukach narra el transcurso de la expedición, que instaló el campo base a 5.300 m y el campo 1 a 5.750 m, a unas cuatro horas de trekking del CB y a otras tres horas de la laguna. El 7 de marzo a las 13:30 horas se realizó la inmersión del récord, con un equipo formado por: bombona de aire comprimido, bombona de nitrox, traje térmico, traje seco, máscara, botas, aletas, guantes estancos, lastre, reguladores y computadoras de buceo.

Expedición récord Guinness de buceo en altitud

 

Con la información que me envió Marcel, estoy buscando en imágenes satelitales una laguna en el macizo del Volcán Cazadero –también llamado Walther Penck– de 6.659 m en plena Cordillera de los Andes, en la zona de los seismiles de la Puna catamarqueña. Sí, no estoy buscando una cumbre y su ruta de ascenso, sino una laguna a casi 6.000 m. ¡Increíble!

Me escribió Marcel Korkus desde Polonia para que le organizase la logística de la expedición que intentará el record Guinness de buceo en altitud en su proyecto “Cazadero Diving Expedition 2016”.

El objetivo no va a ser fácil porque hay que planificarlo todo muy bien, ya que la montaña es uno de los macizos de más difícil acceso de la zona y la laguna está en la parte alta del mismo, en la divisoria de aguas a 5.990 m de altura y bastante lejos del campamento base. Hay que estudiar muy bien la zona para elegir el mejor lugar para el campamento base y el campamento de altura.

Después de días observando las imágenes satelitales, viendo las alturas, distancias y rutas de acceso a la laguna ya elegimos y tenemos definidos los puntos GPS de nuestros campamentos. Estamos listos para salir.

La montaña está a más de 180 km de Fiambalá y a 90 km de la ruta internacional 60 que lleva al paso de San Francisco. Es necesario utilizar mulas o como en este caso una 4×4 y recorrer una huella muy difícil. Son necesarias más de 7 horas para transitar los 90 km hasta el CB.

La expedición utilizará estilo liviano (sin porteadores ni armado de campamentos de altura previos) ya que sólo somos cuatro integrantes: Marcel Korkus, Bartek Wnek de Polonia, Herman Binder y yo, Pablo Lukach. Tenemos que llevar, aparte del equipo de montaña normal en estas ascensiones, todo el equipo de buceo completo (bombonas de aire comprimido, reguladores, traje térmico, traje seco, máscara, guantes, botas, aletas y lo más importante, ¡plomo para el lastre de buceo!). Así que a preparar los hombros para los 35 kg de las mochilas.

Después de recorrer el difícil camino en la camioneta, ya estamos instalados en el CB a 5.300 m de altura, cerca de la huella de 4×4 que lleva al CB del Ojos del Salado. Un par de días más de aclimatación y salimos con el equipo de buceo para reconocer la ruta de ascenso y, si se puede, llegar al C1 para dejar parte del equipo. El lugar es desconocido para todos y hay un gran interrogante en la expedición: ¿la laguna existe esta temporada? ¿qué dimensiones tendrá? ¿qué profundidad? ¿estará congelada? ¿se podrá bucear? Sólo sabemos que está allí por las imágenes satelitales, pero no hay fotos ni mayor información, así que la incertidumbre es grande.

Después de casi 5 horas de ascenso, llegamos al C1. El lugar es excelente para armar campamento, ya que está resguardado de los vientos, tiene agua que baja del glaciar y está a más de la mitad del camino entre el CB y la laguna. Son las 16 horas y Herman dice: «me voy hasta la laguna, así ya sabremos si seguimos adelante». Sale sin carga y tiene que ir muy rápido para que no se le haga de noche antes de llegar al CB, porque las distancias son muy grandes. Los demás bajamos y esperamos en el base a que llegue Herman con las noticias. Casi con las últimas luces llega al CB con fotos: la laguna es más grande de lo esperado, no está congelada y sólo resta saber qué profundidad tiene, ya que necesitamos que supere los 5 metros para poder homologar el récord. Hay optimismo, así que nos preparamos para salir nuevamente al C1. El viento que sopló todo el día nos impide salir y quedará para mañana el día de ascenso.

Salimos temprano camino al campamento de altura, a casi 5.800 m. Luego de recorrer el mismo camino que hicimos hace un par de días llegamos con todo el equipo completo y nos disponemos a armar las carpas y a juntar agua antes que se congele en horas de la tarde. Cenamos y nos vamos a descansar.

Marcel tiene que estar 12 horas antes del buceo a la misma altitud, así que hay que armar la carpa a orillas de la laguna el día anterior para dormir allí, y además servirá de refugio para calentarse apenas salga del agua.

Llegamos después de 3 horas a la carpa que está al borde del agua. No hay rastros de expediciones anteriores, así que casi con seguridad somos los primeros que pasamos por aquí. Cada día que pasa se pone más frío y sopla bastante viento. La temperatura está varios grados por debajo con respecto a los días anteriores, pero hoy es la oportunidad; el tiempo está cambiando y aparecen nubes que no presagian nada bueno.

La laguna tiene justo los 5 metros de profundidad. Trajimos con nosotros el equipo completo para el buceo, estamos todos listos. Marcel se prepara y ultima uno a uno los detalles de su equipo, el agua está a 3°C y comienza a nevar, hay viento, hace frío. Marcel llega al lugar previsto y se sumerge hasta los 5 metros durante los 20 minutos que tiene que estar bajo el agua para batir el récord. Esperamos expectantes que todo salga bien y no tenga ningún problema derivado de los cambios de presión que supone bucear a casi 6.000 m. Un rescate en esta zona sería muy difícil, ya que estamos en unos de los lugares más inhóspitos de los Andes.

Marcel sale a la superficie luego de los 20 minutos y logra el récord. Llega a la orilla con la cara azulada por el frío pero está bien y, luego de unos minutos de descanso y de respirar nitrox de una de las bombonas, lo ayudamos a llegar a la carpa para calentarse y organizarlo todo para bajar al C1. En este momento el viento sopla con fuerza. Estamos los cuatro dentro de la carpa recuperando calor y tomando té caliente antes de desarmar campamento y bajar. Llegamos al C1, armamos la carpa nuevamente y nos disponemos a cenar y a dormir, para mañana bajar al base donde coordinamos para que la 4×4 nos busque.

Amanece con mucho viento. Abro la puerta de la carpa y veo que todo está blanco, el viento viene cargado de nieve en forma horizontal y dificulta la visión. Es el famoso viento blanco de los Andes, que nos da la despedida de la montaña. Tenemos que organizarnos para salir, ya que vamos muy cargados. La mochila nos queda chica y, haciendo malabares, logramos armar la carga en medio de la tormenta. Con los dedos congelados desarmamos por último las carpas y las ponemos como podemos en la mochila. Hay que bajar como sea. Salimos disparados hacia el CB; el viento nos empuja y la nieve nos golpea por todos lados pero vamos bien y en unas 3 horas estamos en el base donde nos espera la 4×4. Con el objetivo cumplido, desandamos el camino varias horas antes de llegar con las últimas luces a Fiambalá.

Una nueva experiencia de montaña, esta vez combinada con buceo hizo de la expedición algo distinto pero muy interesante. Fue todo un desafío guiar la expedición, organizar la logística y descubrir un nuevo e impresionante lugar en la Puna que, año a año, me sigue sorprendiendo con rincones inexplorados y darnos cuenta que todavía quedan muchos lugares por descubrir…

 

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