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Delfines y cachalotes viven en cañones submarinos del Cap de Creus y Palamós

Los cañones submarinos del Cap de Creus y de Palamós, en la costa gerundense, son un área de especial importancia por la presencia de cetáceos de buceo profundo, en especial de cachalote, dada su elevada densidad, pero también de zifios de Cuvier, calderones y delfines listados.

Así lo ha concluido Submon, entidad dedicada al estudio y conservación del medio marino, con el Proyecto Ahab, que pretendía averiguar si la zona norte del Corredor de Migración de Cetáceos del Mediterráneo es un hábitat de cetáceos de buceo profundo, confirmar que es zona de alimentación del cachalote y establecer la conexión de esta población con otras zonas.

El 2018 el Estado declaró Área Marina Protegida (AMP) el Corredor de Migración de Cetáceos del Mediterráneo, que abarca un área marina de 46.000 kilómetros cuadrados entre Alicante y Girona en paralelo al archipiélago balear.

En noviembre la integró en la Red de Áreas Marinas Protegidas de España (REMPA) por su importancia para hábitats o especies amenazadas y por su contribución a la conectividad ecológica.

El proyecto Ahab, con el apoyo de la Fundación Biodiversidad, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto demográfico, ha sido una campaña marítima desarrollada entre junio y julio de 2020, para cubrir toda la zona de estudio realizando una búsqueda tanto a nivel visual como con detecciones acústicas, usando un hidrófono de arrastre.

En total en el área de estudio se detectaron 6 especies de cetáceos distintas, 4 de ellas, de buceo profundo, y la más avistada fue el delfín listado (Stenella coeruleoalba), seguida por el zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris), el cachalote, el calderón común (Globicephala melas) y el calderón gris (Grampus griseus).

Las especies más detectadas acústicamente fueron el delfín listado y el cachalote con el mismo número de detecciones, seguidos por el zifio de Cuvier, calderón común y calderón gris.

En total se realizaron 109 detecciones acústicas y 71 avistamientos de grupos, y para el equipo investigador de Submon “el estudio prueba la gran eficacia de utilizar sistemas de detección acústica para detectar cetáceos de buceo profundo, dado el poco tiempo que pasan en la superficie y, por lo tanto, la menor probabilidad de detectarlos visualmente”.

Gracias a los datos obtenidos acústicamente, se ha podido hacer la primera estimación de abundancia de cachalotes en el área de los cañones de Cap de Creus y Palamós, obteniendo una abundancia total estimada de alrededor de 21 animales y una tasa de encuentro de 0.041 animales/km navegado, muy elevada si se compara con resultados del Golfo de León.

Los investigadores han podido observar tanto grupos de hembras con juveniles y crías, como un macho solitario, lo que significa, según Carla A. Chicote, directora del proyecto, “que esta zona es tanto área de alimentación como de cría, lo que da un especial valor a los cañones”.

Además, también han confirmado la importancia del Corredor para la conectividad, por ejemplo para cachalotes, desde las Baleares, Liguria o el Sur peninsular.

Gracias a los catálogos, elaborados con fotos identificativas de diversos grupos de investigación, los expertos de Submon han averiguado que algunos cachalotes observados por ellos, tanto en este proyecto como en otro de 2010, se mueven por el área del Golfo de León.

Los investigadores hallaron en la zona del cañón de Palamós gran diversidad de odontocetos –cetáceos con dientes- y se sorprendieron tanto del gran tráfico de mercantes como de la presencia de cachalotes y otros animales marinos.

Constataron que la línea de transporte marítimo de los cargueros coincide con la zona en la que están estos animales, convirtiéndose, creen los expertos, “en un potencial peligro para ellos, tanto por contaminación acústica como colisiones”, por lo que creen que este aspecto “deberá ser tenido cuenta a la hora de hacer la gestión de esta área”.

“Cómo hay alimento, los cetáceos escogen quedarse en la zona a pesar del tráfico marítimo. Mientras comen a más de 1.000 metros les debe molestar poco, pero el peligro llega cuando suben a respirar”, detalla Chicote, que afirma que ya se han dado casos de varias colisiones en otros puntos del Mediterráneo.

Los delfines son más ágiles y hacen inmersiones menos profundas, pero los cachalotes y zifios, tras comer entre una hora y hora y media cuando suben a superficie, unos 25 minutos, “están débiles porqué necesitan oxigenar su cuerpo y son más vulnerables”, indica la directora.

Submon considera “importante” que se sigan haciendo estudios en la zona “para obtener más datos, saber qué época es más peligrosa para los animales en cuanto a la frecuencia de tráfico de cargueros y poder hacer una gestión adecuada de este espacio protegido”. EFE.

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