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¿Por qué la pesca de arrastre de fondo y las ‘capturas accesorias’ son una mala noticia?

‘Seaspiracy’, el popular documental de Netflix estrenado a principios de este año, ha convertido palabras como ‘capturas accesorias’ y ‘sobrepesca’ en parte del lenguaje cotidiano. La película ha catapultado estas prácticas destructivas de la industria pesquera al panorama general de la sociedad.

El filme ha arrojado luz sobre una industria que ha escapado al control durante mucho tiempo y cuyo impacto estamos comprobando ahora. Hemos tenido noticias de muchos ciudadanos que han dejado de comer pescado tras ver el documental.

Entretanto, la cinta ha sido criticada por la gran cantidad de datos y estadísticas que ofrece a los espectadores. A algunos les resultaba difícil asimilar toda la información que se les presentaba.

Así que, en este punto, nos sumergimos en un juego de palabras, en cuanto a lo que la pesca de arrastre y las capturas accesorias, dos de los aspectos sobre los que trata ‘Seaspiracy’, significan realmente para nuestros océanos.

¿Qué es la pesca de arrastre de fondo?

La pesca de arrastre de fondo es un método de pesca industrial en el que se arrastra una enorme red con pesas a lo largo del lecho marino, recogiendo todo lo que encuentra a su paso.

Enorme es una hipérbole. Como se dice en ‘Seaspiracy’, “las redes de arrastre más grandes son tan grandes que pueden tragarse catedrales enteras o hasta trece aviones jumbo”.

¿Cómo contribuye la pesca de arrastre de fondo al calentamiento global?

Este año se ha publicado el primer estudio que calcula el coste del carbono producido por la ‘retropesca’. El estudio ’Protecting the global ocean for biodiversity, food and climate’ (Protegiendo el océano global para la biodiversidad, la alimentación y el clima) descubrió que este tipo de prácticas libera tanto CO2 como toda la industria de la aviación.

Es imperativo mantener el carbono donde se almacena, en lugar de liberarlo a la atmósfera, donde aumenta la temperatura global.

Como asegura la doctora Trisha Atwood, coautora del informe, “el fondo marino es el mayor almacén de carbono del mundo. Si queremos detener el calentamiento global, debemos dejar los fondos marinos ricos en carbono, sin que sufran alteraciones”.

Paul Einerhand
Pescado fresco en la subasta local de La Haya, Países BajosPaul Einerhand

“Sin embargo, todos los días estamos arrastrando el fondo marino, agotando su biodiversidad y movilizando carbono milenario, lo que agrava el cambio climático”.

El estudio, elaborado por un equipo dirigido por el doctor Enric Sala, miembro de la Sociedad Geográfica Nacional, descubrió que la pesca de arrastre de fondo produce una gigatonelada de carbono al año.

Entonces, ¿cuál es el problema del aumento de carbono en los océanos? Aumenta la acidificación, reduce la biodiversidad y daña la capacidad del océano para absorber el carbono, perjudicando así, su modo de actuar como almacén crucial en el futuro.

¿Qué se puede hacer para detener la pesca de arrastre de fondo?

La buena noticia es que los Gobiernos tienen el poder de detener los efectos perjudiciales de este tipo de pesca. Los países con grandes superficies de aguas nacionales, en las que se practica la pesca de arrastre de fondo, podrían eliminar el 90 % del riesgo de alteración del carbono con, solamente, proteger el 4 % de sus aguas.

“En este estudio, hemos sido pioneros en la identificación de los lugares que, si se protegen de manera sólida, impulsarán la producción de alimentos y salvaguardarán la vida marina. Y, todo ello, reduciendo las emisiones de carbono”, señala el doctor Sala.

“La humanidad y la economía se beneficiarán de un océano más sano. Podemos obtener esos beneficios rápidamente si los países trabajan juntos para proteger al menos el 30 % del océano para 2030”.

Áreas clave para la protección marina

Mediante un algoritmo, los investigadores determinaron que, si se protegía al menos el 30 % del océano, mejoraría la biodiversidad, se recuperaría la vida marina y se obtendrían beneficios para el clima.

Entre las zonas a las que hay que dar prioridad para su protección, se encuentran las siguientes:

  • El Banco Dogger en el Mar del Norte
  • La Dorsal del Atlántico Medio
  • La meseta de Mascarene en el Océano Índico
  • La Dorsal de Nazca, en la costa occidental de Sudamérica
  • La Dorsal de las Indias Occidentales, entre África y la Antártida.

Los intereses de los ciudadanos europeos residen mayoritariamente en la protección de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático.

Charles Clover
Director Ejecutivo de la Blue Marine Foundation.

Charles Clover, director ejecutivo de la Blue Marine Foundation, afirma que estudios como este son vitales.

“La ciencia es clara: la pesca destructiva es la mayor amenaza para la vida marina y acelera drásticamente el cambio climático”, afirma.

“Los intereses de los ciudadanos europeos residen, mayoritariamente, en la protección de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático, no en la protección de los intereses creados de la industria pesquera. Es hora de poner en marcha medidas para salvaguardar los hábitats de los fondos marinos, desde el círculo polar ártico hasta el Mediterráneo”.

Las capturas accesorias siguen a la pesca de arrastre de fondo

Las capturas accesorias representan toda la vida marina que queda atrapada en las redes de los arrastreros, junto con los peces que se pretende capturar. Esto ocurre porque las redes son tan grandes y están tan lastradas que arrasan con la vida marina que encuentran a su paso. La mayoría de las especies capturadas en las redes son descartadas y arrojadas por la borda, tras perecer en el arrastre y su posterior llegada a las embarcaciones de pesca.

La magnitud de los daños causados al Banco Dogger por la pesca de arrastre de fondo y la pesca industrial ha sido analizada por Blue Marine Foundation, Client Earth, Marine Conservation Society y WWF. Han llegado a la conclusión de que la zona, situada a 100 kilómetros de la costa oriental de Inglaterra, está tan dañada que debería ser un ‘prueba de fuego’ para la conservación de las áreas marinas protegidas de Europa.

Paul Einerhand
Un pescador procesa las capturas del día en el interior de un buque pesqueroPaul Einerhand

Como región, almacena la mayor cantidad de carbono azul de las aguas del Reino Unido. Alberga, aproximadamente, 5,1 millones de toneladas en el fondo marino, lo que equivale a 31 000 vuelos de ida y vuelta de Londres a Sídney.

El Reino Unido, los Países Bajos y Alemania han llevado a cabo un estudio independiente sobre el Banco Dogger, que ha demostrado que la pesca de arrastre de fondo ha dado lugar a un entorno marino dominado por invertebrados de ‘vida corta’ en lugar de especies, en peligro de extinción, como la raya y el fletán.

Las tres naciones planean declarar 18 765 kilómetros cuadrados del Banco Dogger como ‘zona marina protegida’, y el Reino Unido ya tiene previsto introducir una ordenanza que cubra su sección en un futuro próximo.

“El peor enemigo del éxito de la pesca es la sobrepesca, no las zonas protegidas”

“Algunos sostienen que cerrar zonas a la pesca perjudica los intereses del sector. Pero el peor enemigo del éxito de la pesca es la sobrepesca, no las áreas protegidas”, afirma el doctor Sala.

Los datos existentes de las áreas marinas protegidas demuestran que el cuidado de una zona aumenta las poblaciones de peces en las aguas que la rodean. Por ejemplo, el calentamiento de las aguas y la reducción del oxígeno provocaron un importante descenso de los abulones en el Banco Dogger en 2010. Pero la supervivencia de este tipo de molusco, altamente reproductivo, en una zona protegida cercana, hizo que se repusieran las poblaciones de peces en toda la región.

Es más, la densidad de capturas aumentó hasta un 90 % en cinco años. El ‘cierre’ de las zonas alrededor de la isla de Arran, la isla de Man, Lundy y Skomer, al dragado, también dio lugar a un importante aumento del número de vieiras y langostas.

La adopción de medidas para prohibir la pesca de arrastre de fondo en zonas específicas, como el Banco Dogger, también salvaguardaría más del 80 % de los hábitats de las especies marinas en peligro de extinción y, en última instancia, permitiría aumentar las capturas pesqueras en más de 8 millones de toneladas métricas.

Lo mejor de todo es que protegería el almacenamiento de carbono existente y el futuro, ayudándonos, así, a evitar el colapso total del clima.

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